Concurso de Fanfics

Hola chico/as!
Les dejo los datos del concurso. Espero que se inscriban.

COMO APUNTARSE:
Envía un correo a: teamnessiejacob@gmail.com.
En asunto deberán de poner: CONCURSO
El correo tendrá que contener: NOMBRE DEL AUTOR, TITULO DE LA HISTORIA, IMAGEN DE LA HISTORIA, TIPO Y CATEGORIA DEL FIC Y EL FIC.

CONCURSO:
TIPOS DE FICS:
  • Songfic
  • Real person
  • One shot
  • Fics completados
  • Fics sin completar
CLASIFICACIONES:
  • M - Mature (Adultos)
  • T - Teens (Adolecentes)
  • K - Kids (Todas las edades)
JURADO:
  • MIAW
  • MARIA
  • TAMARA
PREMIOS:
Recomendación: Mejor Escritor
Estar en recomendaciones
Publicidad en los blogs
Blend al mejor escritor de fics
Banner al mejor escritor
Afiliados
(los premios se darán al primer lugar de cada tipo de fics)
¡ENVIAR TODOS LOS FICS ANTES DEL 20 DE AGOSTO!

Search

Chic@S!!! RECUERDEN QUE PUEDEN MANDARNOS SUS CREACIONES A teamnessiejacob@gmail.com TODO LO QUE NOS ENVÍEN LLEVARA SU NOMBRE!!!
ESTE BLOG ES PARA CONOCER A LOS DEMAS FANS DE RENESMEE Y JACOB

sábado, 9 de julio de 2011

CONVERSACIÓN PENDIENTE [NUEVA ERA]


= PARTE UNO =
HORIZONTE
= RENESMEE =

Abrí los ojos poco a poco, pues la luz que entraba a través de las cortinas me impedía hacerlo de una manera más rápida. Cuando mis pupilas se acostumbraron a esa claridad, pude ver al ser más maravilloso del universo a mi lado.
Jacob estaba recostado junto a mí, de lado, me miraba maravillado mientras sus dedos pasaban entre mi pelo para peinarme con delicadeza.
- Buenos días, preciosa – me sonrió.
- Buenos días – sonreí yo también.
Le agarré de su camiseta interior y tiré de él para que se acercara. Así lo hizo, se arrimó a mí y comenzó a besarme lentamente, poniendo empeño en cada beso, en cada contacto, en cada roce…
Despertarse así cada mañana era un privilegio.
Separamos nuestros labios, tomamos una buena bocanada de aire y nos sonreímos de nuevo.
- ¿Has dormido bien? – preguntó con un susurro -. Quitando esa pesadilla, claro.
- Sí – sonreí otra vez -. ¿Y tú?
- Sí.
- Eso le gustará a papá – me burlé.
- Muy graciosa – contestó con retintín.
Se me escapó una risilla. Me dio un beso corto y se despegó de mí, echándose boca arriba en la cama.
- ¿Me ducho yo primero? – inquirí.
- Sí, que así me quedo un ratito más aquí… - bostezó.
- Hay que ver qué perezoso – me reí, levantándome.
Volvió a bostezar mientras se espatarraba y ponía sus largos brazos en cruz, ocupando todo el camastro, y mi boca volvió a dejar salir otra risilla.
- Voy a la ducha.
- Vale – rezongó.
Sonreí, negando con la cabeza, y salí del dormitorio.
Entré en el enorme cuarto de baño para ducharme. Una vez que terminé de hacerlo, me puse el albornoz blanco y me desenredé el pelo.
Me disponía a salir del baño, cuando Rosalie apareció tras la puerta al abrirla.
- Hola, cielo, vengo a peinarte – me anunció con una enorme sonrisa.
- Rose – exclamé, encantada -. Pasa – y me aparté para dejarla entrar.
Pasó al cuarto de baño como una exhalación, y con la misma rapidez, preparó todos los artilugios, incluida una silla que no sé ni de dónde la sacó.
- Siéntate – me exhortó, señalando el asiento con la mano.
- No sabes cuánto te he echado de menos – confesé, obedeciendo.
Mi tía soltó una risita alegre de satisfacción y enseguida se puso manos a la obra. En un abrir y cerrar de ojos, mi cabeza se llenó de tirones supersónicos y de mechones que se iban colocando en su sitio milagrosamente. En menos de cinco minutos, Rose apagó el secador de mano y mi cabello estaba perfectamente peinado.
- ¡Rose, eres única! ¡Eres genial! – alabé al ver los resultados.
- Lo sé – suspiró con alegría.
Mi pelo lucía con esa cascada natural de rizos abiertos que sólo ella era capaz de conseguir.
Me levanté, la abracé y le di un beso en esa mejilla pétrea y fría.
- Muchas gracias – sonreí.
- De nada, cielo – sonrió ella también. Entonces, su cara se desfiguró con una mueca de hastío -. ¿Ya se ha levantado tu chucho?
- Rose – la regañé.
- Lo siento, es que desde que llegó a esta casa, todo huele fatal otra vez – resopló.
- Yo diría que lo has echado de menos, por eso estás tan pendiente de él – declaré, sonriente, pellizcándole la mejilla.
- ¿Yo pendiente de ese chucho tonto? – cuestionó con otra cara de asco -. No digas tonterías – chistó, enfadada, aunque me pareció más bien fingido.
Y tampoco negó mi primera afirmación.
Le dio un manotazo a su pelo con orgullo y se dirigió hacia la puerta.
- Te veo abajo.
- Vale – sonreí.
Y desapareció, dándole otro bandazo a su melena.
Me reí con otra risilla y salí del baño para dirigirme al dormitorio, en el cual entré acto seguido.
- ¿Ya has terminado? – me preguntó Jacob, levantándose de la cama.
- ¿Todavía sigues ahí? – me reí.
- Ya estoy, ya estoy.
Se puso en pie, se estiró, bostezando, y se acercó a mí.
Entonces, se quedó parado y me miró pasmado.
- Vaya, estás preciosa – murmuró.
- Rose y sus manos mágicas – afirmé con una sonrisa, atusándome el cabello.
- No. Eres tú. Tú eres preciosa – aseguró, acariciándome la mejilla con sus suaves dedos, haciendo que el vello se me pusiera de punta.
Le sonreí, rodeé su cuello con mis brazos y le di un beso en los labios.
- ¿Vas a ducharte? – le pregunté.
- Sí.
- Yo me voy a vestir y te espero en la cocina, ¿vale?
- Vale – sonrió.
Me dio otro beso, le dejé libre y salió de la habitación.
Me dirigí a la ventana y corrí las cortinas, abriendo la puerta de la terraza para que ventilase un poco el dormitorio.
El paisaje que se presentó ante mí me hizo salir para verlo mejor. Quité la nieve de la barandilla y me apoyé en ella con los brazos para observar la panorámica de los Montes Chugach. Esas montañas estaban completamente nevadas, así como el resto del paisaje que se extendía en el horizonte, que estaba cubierto por una densa alfombra blanca.
No estuve mucho rato ahí, puesto que el penetrante frío enseguida se metió por mi albornoz y terminé entrando en la habitación de nuevo.
Abrí el armario y pensé durante un rato la ropa que iba a ponerme, aunque no me costó mucho escoger lo que quería. Unos pantalones vaqueros pitillo y un jersey azul de lana, de cuello alto, fue lo que me pareció más ideal para la baja temperatura que hacía en el exterior. Me vestí, dejé el albornoz junto a la ropa sucia del butacón, me calcé las botas de nieve y salí del dormitorio.
Jacob seguía duchándose cuando pasé frente a la puerta del baño, seguí de frente y bajé las escaleras.
La cocina de la vivienda de mis padres estaba vacía, pero un olor a huevos revueltos, beicon y tortitas venía de la otra parte de la casa.
Salí por la puerta que comunicaba las dos viviendas y llegué a la cocina de la parte del resto de mi familia. Mi boca se quedó colgando cuando vi toda aquella comida sobre la mesa.
- Lo ha preparado Esme - desveló Alice, que salió de la nada y se puso a mi lado -. Buenos días – me dio un beso en la mejilla y pegó un brinco para sentarse en la meseta.
- Buenos días – sonreí, observando todo aquel desayuno.
- ¿Qué tal habéis dormido? – quiso saber.
- Bien – y de pronto, me acordé de mi pesadilla -. Alice.
- Dime.
- Tú sabes de significados de los sueños, ¿no? – interrogué, apoyando mi cadera en la encimera, a su lado.
- Un poco – se encogió de hombros.
- ¿Qué significa soñar con un corazón?
- Depende. ¿Qué has soñado? – quiso saber, con esa suspicacia que había hecho que se diese cuenta enseguida de que se trataba de algún sueño mío.
- ¿Recuerdas ese lobo normal al que Razvan le quitó el corazón?
- Sí, claro.
- Bueno, verás, he tenido dos pesadillas – empecé a explicarle -. En la primera aparecía Razvan, y tenía el corazón de ese lobo en la mano. El corazón latía y estaba vivo. Después de eso salía Jacob y yo no podía moverme, ni hablar, y él empezó a ponerse muy triste, pero por más que le decía que le quería, no me escuchaba, es como si él oyese otra cosa. Y tampoco podía llorar – recordé –. Entonces se daba la vuelta y se perdía en la niebla para siempre… – musité con un hilo de voz al recordar ese horrible rostro de angustia. Tomé aire y seguí hablando –. La segunda pesadilla era casi igual, sólo que la que llevaba el corazón en la mano era yo, Razvan no aparecía, y cuando Jacob se perdía en la niebla, al corazón le salía una mancha marrón oscuro que se extendía rápidamente. Yo intentaba limpiarla, pero no había forma, y luego sentí que tenía que llevar conmigo ese corazón, no sé, que tenía que protegerlo…
Mi tía se quedó pensativa.
- No sé qué puede significar. Normalmente, un corazón suele simbolizar el amor, la vida y también la relación con la persona del sexo opuesto más importante, en el caso de una mujer su padre o, si la tiene, su pareja – mi propio corazón sufrió un calambre, de la impresión –. Pero ese corazón no es el tuyo, ni tampoco el de Jacob… – se llevó la mano a la barbilla, con un gesto reflexivo –. Puede que el hecho de que ese corazón fuera el del líder de esa manada te haya afectado y lo hayas relacionado en tu subconsciente con Jacob, ya que después sentiste que debías protegerlo al verlo enfermo.
- ¿Quieres decir… que el corazón se oscureció porque mi relación con Jacob irá mal? – pregunté, llevándome la mano al pecho.
- No, claro que no – declaró sin un mínimo de duda en el tono de su voz –. Soñar con un corazón enfermo significa preocupación por esa persona, no que la relación vaya a ir mal. Bueno, también puede significar una enfermedad, pero en el caso de Jacob eso sería imposible, así que no lo veo probable. Lo más seguro es que estés preocupada por Jacob, más que de Jacob, con algo relacionado con él. Estoy segura que sueñas con eso porque te preocupas por él, por sus salidas con la mandada y esos peligros que siempre revolotean a su alrededor, eso añadiendo los nervios de la boda y todo el asunto de tu amiga – llevó su mano helada a mi mejilla para acariciármela -. No le des más importancia. No todos los sueños tienen por qué significar algo. Los sueños, sueños son – y alzó sus estrechos hombros.
- No, Alice – negué con la cabeza, mirándola con desasosiego evidente –. Este sueño significa algo, lo sé… Trae un mal augurio…
Los ojos dorados de mi tía estudiaron mi expresión durante un rato.
- Yo no he visto que vaya a pasar nada malo – declaró finalmente, con certidumbre.
- ¿Seguro? – inquirí, mordiéndome el labio.
- Hay una parte de mi futuro y del resto de nosotros que no puedo ver bien, pero es un periodo corto de tiempo, el de un acontecimiento importante, e intuyo mucha felicidad – me desveló -. Y eso sólo puede ser porque estaremos en La Push rodeados de metamorfos, así que te aseguro que no pasará nada malo y que habrá boda, y será perfecta, ya lo verás – aseguró, sonriéndome.
Aún sentía que ese sueño era un mal presagio, pero sus palabras me calmaron un poco en cierto modo, porque ella había intuido felicidad.
Le sonreí, más aliviada, me despegué de la meseta y abracé su pequeño cuerpecito.
- Gracias, tía – le agradecí, dándole un beso.
- De nada, cielo – sonrió ella también, frotándome la espalda -. Y ahora será mejor que pruebes ese desayuno, si no, se enfriará y Esme se llevará un disgusto – dijo, separándose de mí.
- Sí, estoy esperando a que llegue Jake.
Alice se bajó de la encimera con otro ágil brinco.
- Pues yo voy al salón a buscar a los demás – anunció.
- Es verdad, ¿dónde están todos?
- Carlisle y Esme se han ido al aeropuerto a buscar a Louis y Monique, Em, Rose, Jazz y yo estábamos viendo la televisión, y tus padres se fueron de caza de madrugada, así que estarán al llegar.
- Ah.
Al final, Jacob tenía razón y se habían ido a cazar por la noche.
- Bueno, vengo ahora – canturreó mientras salía por la puerta.
- Vale – sonreí, dándome la vuelta hacia la mesa.
Me quedé observando ese mantel repleto de comida, y ese pastel de fresas que a Esme le salía tan bien llamó especialmente mi atención.
No pude evitar sucumbir a la tentación y cogí una de las fresas que adornaban el postre.
Cuando estaba apunto de llevármela a la boca, una manaza me la quitó por las espaldas. Giré medio cuerpo para mirar y vi cómo Jake se la metía en la boca a toda prisa mientras sonreía.
- ¡Jake! – le regañé, riéndome.
Se carcajeó con travesura y me rodeó por detrás con esos brazos fuertes y cálidos para darme un beso en la mejilla.
- ¡Qué bien huele! – exclamó, despegándose de mí para sentarse corriendo en la mesa.
- Lo que yo dije ayer, esto es como un hotel de cinco estrellas – me reí, tomando asiento a su lado.
- Ya te digo – rió, frotándose las manos mientras pensaba por dónde empezar.
Acabábamos de comenzar a desayunar, cuando Alice llegó con el resto de mis tíos, que nos dieron los buenos días, bueno, excepto Rose, que a mí ya me los había dado y a Jacob le dedicó un hola, chucho con una mueca de hastío fingido. Se sentaron a nuestro alrededor y la mesa se llenó de charlas.
Creía que no íbamos a ser capaces de terminar todo lo que había sobre el mantel, pero me equivoqué. Esme había calculado a la perfección, puesto que ya sabía todo lo que comía mi chico.
Justo cuando terminamos, la mesa empezó a revolverse.
- Bueno, me voy al salón a jugar con la consola – anunció Emmett con una sonrisa enorme mientras se levantaba de su silla y ya salía disparado por la puerta.
- Te acompaño – le siguió Rosalie.
- ¿No nos vais a ayudar a recoger todo esto? – inquirí, viendo cómo mis tíos se escaqueaban.
- Ah, yo acabo de recordar que tengo que hacer un recado muy importante – alegó Alice, y acto seguido sólo se vio un borrón que se esfumaba a toda prisa.
- Voy contigo – y Jasper salió tras ella.
- Tendrán morro… - murmuré, frunciendo el ceño y los labios, aunque pronto lo cambié por una sonrisa.
Nada más levantarnos de la mesa, mis padres aparecieron por la puerta y pasaron a la cocina, hoy estaban especialmente alegres.
Jacob y yo nos miramos y no pudimos disimular una sonrisita cómplice que no escapó a los ojos de mi padre, aunque también vio nuestras mentes, por supuesto.
Papá carraspeó, juraría que algo apurado, y se acercó a mí para darme un beso en la frente.
- Buenos días, princesa – sonrió.
- Buenos días – le saludé con otra sonrisa mayor.
Volvió a carraspear y le dejó paso a mamá.
- Buenos días, chicos – siguió ella, toda sonriente, dándonos un beso en la mejilla a Jacob y a mí -. ¿Habéis dormido bien?
Papá ya le estaba echando una mirada asesina a Jake, seguramente porque estaba viendo lo que éste estaba apunto de soltar por esa boca.
- Sí, hemos dormido genial – intervine yo con una sonrisa antes de que a mi novio se le ocurriera decir algo.
Le agarré del brazo y le di un apretón con la mano para advertirle; la sonrisa de Jacob se amplió, aunque conseguí mi objetivo y no dijo nada.
- Me alegro – dijo mamá -. Oye, Jake, ¿te importa si te la robo un rato? Me apetece dar un paseo con ella, bueno, si a ti te apetece, claro – terminó, dirigiéndose a mí.
- ¿Cómo no me va a apetecer? – exclamé, cambiando el brazo de Jake por el de mi madre.
- Estupendo – sonrió ella, poniendo su mano sobre la mía -. No te preocupes, Jake, no te la quitaré demasiado tiempo.
- No importa, pasadlo bien – sonrió él.
- Vendré luego, ¿vale?
- Sí, sí, iros ya – me instó, haciendo gestos con las manos -. Yo me quedaré aquí fregando esto.
- No te preocupes, yo te ayudaré, así tú y yo hablaremos sobre ese… mote que me has puesto – declaró mi padre con una voz y un semblante amenazantes.
- No te quejes, te he puesto un mote muy guay – afirmó Jake con una sonrisita burlona -. Además, la culpa es vuestra.
- En eso te doy la razón – aceptó con resignación.
- ¿De qué mote habláis? – quiso saber mamá con una sonrisa inocente.
- Mejor no te lo digo… - murmuró mi padre.
Mamá frunció el ceño con extrañeza, aunque tampoco dijo nada.
- Bueno, vamos – me azuzó ella, empujándome hacia delante.
- Que te sea leve – le cuchicheé a Jacob con una risilla, y me dio tiempo a darle un beso corto en los labios.
Salimos de la cocina, pasamos a su parte de la casa y subimos al dormitorio, ya que tenía que coger un gorro de lana y unos guantes que me había comprado junto a la parca específicamente para venir a Alaska.
Me puse toda esa ropa extra y salimos de la vivienda de mis padres por la puerta que daba al exterior.
- ¡Está nevando! – exclamé, alzando las manos para que unos cuantos copos cayeran sobre mis guantes.
Mi boca era la única que soltaba un vaho caliente que se difuminaba en el gélido ambiente.
- Sí, aquí nieva todo el invierno – se rió ella al ver mi entusiasmo.
- Qué guay – y me agarré a su brazo de nuevo.
Comenzamos a caminar por la nieve, internándonos en el bosque que rodeaba a la casa. Mi madre lo hacía con gracilidad, casi parecía que sus pies flotaban sobre la nívea superficie, en cambio, mis botas se hundían en cada paso que daba, parecía una patosa, y eso que era mitad vampiro. El suelo no era lo único, las copas de los árboles y las ramas también estaban cubiertas de esa gruesa capa blanca, confiriéndole al boscaje un aire bucólico y de postal de Navidad.
- Te vas a congelar a mi lado – me advirtió mamá.
- Qué va, voy muy abrigada – aseguré con alegría.
- ¿Jacob tuvo algún problema con el señor Farrow para poder venir? – inquirió -. No quisiera que esto le causara algún problema en el trabajo.
- No, para nada – reí -. Jake es el ojito derecho del señor Farrow. Va a tener que hacer alguna hora extra las próximas semanas, pero es lo único que le exigió.
- Vaya, sí que lo tiene bien considerado.
- Sí – volví a reír.
- ¿Estás contenta de haber venido?
- ¿Bromeas? Estoy feliz, bueno, estamos felices – maticé con una risita -. Esto es una maravilla, y ya teníamos muchas ganas de veros y de conocer la casa. Y encima, me libro de una semana de clase.
- Nosotros también teníamos muchas ganas de que vinierais – declaró, pasando su brazo por mi espalda para estrecharme contra ella y darme un beso en la mejilla.
Me soltó para no hacerme pasar más frío y nos quedamos en silencio durante un corto rato, en el que se escuchó el chillido de un águila que sobrevolaba por encima de los altos pinos.
- Renesmee.
- Dime.
- Quiero… quiero pedirte perdón – musitó, frotándose las manos sin parar.
Me paré en seco al ver su rostro enfrascado y compungido, obligando a que ella tuviera que hacer lo mismo.
- ¿Pedirme perdón? – inquirí sin comprender -. ¿Por qué?
- Por todo lo que te hice pasar por mi turbación con el tema de Jacob.
Pestañeé, un poco sorprendida, puesto que yo ya ni me acordaba de todo aquello.
- No hay nada que perdonar, mamá – sonreí para quitarle hierro al asunto -. Eso ya pasó, y además, tú misma lo has dicho, todo se debió a tu turbación.
- Ya, ya lo sé – asintió, cerrando los ojos con preocupación -. Sin embargo, quiero contártelo todo y explicártelo.
- Ya me lo explicó papá en su momento – le calmé, acariciando su mejilla de mármol.
- Sí, pero yo tengo una conversación pendiente contigo – manifestó, cogiendo mi mano para darle un beso en el dorso. Después, la bajo y la rodeó con sus dos manos -. Quiero hablarte de ello igualmente, explicarte yo misma lo que me pasó, por qué reaccionaba así, con esos celos, y por qué me centré especialmente en Jacob.
- Mamá, no hay nada que explicar, en serio… - intenté que lo dejara.
- No, deja que me explique – insistió, cogiéndose de mi brazo para empezar a caminar -. Esa turbación hacía que yo no fuese yo, me llevó a una espiral que hacía que mi cabeza reviviera todos esos sentimientos que tenía en mi vida humana hasta tal punto, que los sentía como reales, pero no lo eran, luego me di cuenta.
››Todo se me juntó. Para empezar, tu rápido crecimiento me afectó bastante, y no sólo por el hecho de que mi única hija ya fuera casi adulta en sólo seis años y no hubiera disfrutado de su niñez, sino porque me di cuenta de que, poco a poco, te ibas alejando de mí, cada vez más. Al principio, no quería reconocerlo, pero no me quedó más remedio que ver la verdad, que tú habías nacido para Jacob, y que jamás me perteneciste a mí ni a tu padre, siempre fuiste suya.
- Mamá…
- Estoy bien, ya lo tengo muy asimilado – se rió, dándome palmaditas en la mano -. Eso ya lo he superado, no te preocupes. Además, no sólo fue eso lo que me afectó. Mi problema fue que se me juntaron muchas cosas y todo fue tan rápido… Tu crecimiento fue una elipse de la espiral, pero hubo más cosas.
››Siempre supe que tú y Jacob terminaríais juntos, sabía que había otras posibilidades, por supuesto, pero era tan evidente. Ya erais almas gemelas incluso antes de que tú nacieses, pero cuando lo hiciste, se hizo aún más obvio. Y no sólo por vuestras similitudes, todo lo hacíais de una forma completamente sincronizada, era increíble – sonrió con añoranza al recordar y no pude evitar hacerlo yo también -. Cuando tú saltabas hacia Jacob, él ya extendía los brazos al mismo tiempo, era como si ya supiese lo que pasaba por tu mente antes de que lo realizaras – rió -. Y siempre estabais juntos, a todas horas. Era imposible despegarte de él, hasta los invitados que tuvimos en casa para ayudarnos con los Vulturis, cuando vinieron la primera vez, se dieron cuenta de vuestro gran apego. Sin embargo, nunca me imaginé que tú también estabas imprimada de él, y cuando nos lo dijisteis, y nos revelasteis que te ibas a quedar en La Push con él, me afectó, porque siempre di por hecho que estaríamos juntas toda tu vida y que nada podría separarnos.
- Nada podrá separarnos nunca, mamá, aunque estemos lejos físicamente y no podamos vernos todos los días.
- Sí, lo sé – suspiró como avergonzada -, pero en ese momento me afectó, porque se me juntó con el resto de cosas de la espiral, ¿comprendes? Y encima, me hizo comprender a Renée y empecé a sentirme un poco identificada con ella – agachó la cabeza y fijó la mirada en el suelo -. Ella era otra elipse de la espiral.
››Y no sólo ella, Charlie también me preocupaba, y no sé por qué, empecé a pensar en el tema de la muerte y todas esas cosas, en que no iba a poder despedirme de Renée el día en que ella falleciera – sin duda, esto seguía preocupándole, porque hizo una pausa, tomó aire y siguió hablando -. También me dio por pensar en que no iba a poder tener más hijos, etcétera, etcétera, etcétera… En fin, que esa espiral hizo que me diera por pensar en cosas raras que no venían a cuento – volvió a reír, aunque, esta vez, no lo hizo con tanto brío como antes.
››Y ahora viene lo que te quería explicar, por qué Jacob era el núcleo de toda esa espiral – siguió, frotándose las manos con nerviosismo.
- Ya lo sé, papá me lo contó todo – le corté para evitarle el mal trago -. Todas esas cosas que te preocupaban fueron acumulándose poco a poco, y con mi rápido crecimiento, todo estalló y te hizo caer en esa espiral. Esa turbación hizo que entrases en un estado de confusión, que te perdieses a ti misma, incluso que añorases cosas que tenías en tu vida humana y que te diste cuenta que ya no ibas a volver a tener; y lo que más añorabas en ese momento era a Jacob, porque cuando eras humana, sentías una dependencia hacia él, y la turbación te hizo sentirla de nuevo, por eso sentiste que le necesitabas. Y a la vez, la espiral hizo que tú revivieras todos esos sentimientos que tenías hacia Jacob en tu vida humana. Tú los sentías como reales, pero no lo eran. Y la turbación, o espiral, como tú la llamas, hacía que explotasen esos celos sin que pudieras hacer nada para evitarlo, porque tú sentías que seguías enamorada de Jacob. Todo fue como una bola de nieve que se fue haciendo más grande. Papá también me explicó que esas turbaciones que os dan a los vampiros os vuelven más inestables e incontrolables, porque es un estado de enajenación transitoria, como una pequeña depresión, por eso te daban esos ataques de celos y no los podías controlar. Pero todo era como una ilusión, porque, en realidad, ya no sentías nada hacia él.
- Vaya, veo que tu padre te lo ha explicado todo a la perfección – parpadeó, sorprendida.
- Ya te lo dije – reí -. Papá me lo contó todo de pe a pa, y a Jacob también, así que no tienes que explicarme nada más, ¿vale? – le dije, acariciando su brazo -. Olvídalo de una vez, ya es agua pasada.
Mamá se paró y se puso frente a mí.
- Aún así, necesitaba decírtelo ahora que ya estoy curada, porque cuando sucedió todo, llevaba tiempo queriendo hablar contigo, pero no me sentía preparada – confesó, colocando dos mechones de mi pelo hacia delante -. Todo estaba demasiado reciente y todavía me daban esas explosiones de celos absurdos que podían seguir hiriéndote – sus manos dejaron mi cabello y su rostro bajó para mirar al suelo con pesar -. No quería que se repitiera lo que pasó aquel día, cuando llegaste después de estar con Jacob. No te imaginas lo que me arrepiento de ese comportamiento.
Ya sabía a qué día se refería. Ese en el que Jake y yo nos habíamos entregado el uno al otro por primera vez, el primer día de mi primer celo, ese en el que me había enzarzado con mi madre en una discusión por culpa de esos celos suyos, y yo también había tenido mi parte de culpa. Visto ahora en frío, y sabiendo todo lo de su turbación, veía los fallos que yo había cometido.
- No importa, mamá. Además, yo tampoco es que manejase muy bien el asunto – reconocí -. Debí de haberme callado y no azuzar más con mis contestaciones. Pero, ya sabes, a veces soy muy impulsiva y me puede mi temperamento – me reí.
- Sí, sí que importa – opinó, siguiendo con esa expresión de angustia -, porque me hubiera gustado haber sido la misma de siempre, ser tu madre, pero tu amiga, que tú hubieses confiado en mí como siempre habías hecho y que me contaras tus sentimientos, tus confidencias. Y por culpa de esa turbación, me comporté como una idiota histérica. Además, sé que todo aquello de mis celos te afectó, por eso también quería pedirte perdón por habértelo hecho pasar tan mal.
- No fue para tanto – dije para suavizar.
- Sí, te hice pasar un mal rato – sonrió con redención, acariciando mi mejilla con dulzura.
- Bueno, tengo que reconocer que tus celos me molestaban bastante – reconocí con una sonrisilla -, pero no por los celos en sí, sino porque actuabas de esa forma tan rara que hacía que no fueras tú misma, había veces que no te reconocía, y era una situación tan extraña… Aunque lo que más me dolía de todo era verte sufrir, ver que lo estabas pasando tan mal. Y esos sentimientos encontrados que tenías hacían que yo misma me bloquease y que no supiera qué hacer para aliviarte. No sé, fue todo un poco raro, la verdad – reí -. Pero ya pasó, y no merece la pena que perdamos más tiempo hablando de ello, ¿no te parece?
- Tienes razón – asintió con una sonrisa, más aliviada -. Ahora me apetece recuperar todos esos meses tontos contigo. Sin embargo, también quiero pedirte perdón. ¿Me perdonas? – y estiró los brazos para que la abrazase.
Puse los ojos en blanco, porque no tenía nada que perdonarle, pero me acerqué a ella y la estreché entre mis brazos con fuerza para que se sintiera mejor y lo dejase estar de una vez, aunque tengo que reconocer que también me apetecía darle un buen achuchón.
- ¿Ya estás mejor?
- Sí – susurró, apretando su abrazo.
- ¿Y la turbación ya se ha ido? – quise saber,  despegándome un poco de su helado cuerpo, con las bajas temperaturas de allí ya tenía bastante, aunque lo hice para verla mejor -. ¿Ya estás curada del todo?
- Sí, ya vuelvo a ser la misma de siempre – sonrió -. Y Jacob no me gusta nada de nada – su sonrisa perfecta se amplió.
- Mejor – sonreí yo también, aunque en mi caso con malicia.
Se rió con esa risa que sonaba como el canto de una soprano y le di un beso en la mejilla, separándome de ella del todo.
Iba a iniciar la marcha, cuando ella me detuvo, agarrándome del brazo.
- Espera, quiero decirte una cosa.
- ¿Más?
- Sí, sólo es una cosa – hizo una pequeña pausa y clavó sus dorados ojos en los míos con determinación -. Ya sé que no hace falta que te diga nada, pero quiero que sepas que me hace muy, muy feliz que estés con Jacob y que el hombre que hayas escogido para casarte sea él – murmuró con un hilo de voz emocionado que hizo que mi garganta se viera invadida por un grueso nudo -. No habría nadie en este mundo mejor para ti, no podría entregarte a nadie más, y no habría nadie en este mundo mejor para él que tú. Me siento muy feliz por los dos, porque os quiero, y sé que estáis hechos el uno para el otro, habéis nacido para estar juntos. Os deseo toda la felicidad del mundo y os doy mi bendición.
- Mamá… - murmuré, emocionada, abrazándola de nuevo -. Te quiero.
Ahora fue ella la que me separó para mirarme. Y volvió a hacerlo fijamente.
- Yo también te quiero, más que mi propia vida, no lo olvides nunca – susurró, pasando sus dedos fríos como la propia nieve que pisábamos, por mi mejilla.
Le sonreí y le di un efusivo abrazo con beso incluido.
- Bueno, lo dejaremos ya, ¿no? – protesté en broma mientras me despegaba de ella -. A este paso vas a hacerme llorar – y me limpié una lágrima con el nudillo de la mano.
- Sí, ya está – suspiró con alegría, levantando los brazos para estirarse -. Ya te he dicho todo lo que tenía que decirte.
Bajó los brazos para pasar uno de ellos por mi espalda. Me estrujó contra ella y me dio una serie de besos en el pómulo.
- ¡Ay, mamá! ¡Me vas a congelar! – me quejé entre risas, tratando de despegarla de mí.
- Ah, claro, si yo fuera Jacob, seguro que no te opondrías… - insinuó, riéndose, a la vez que me liberaba.
- Por supuesto que no. Jake siempre está calentito y nunca paso frío con él – afirmé, toda sonriente.
Mamá se rió y volvió a cogerse de mi brazo para iniciar la marcha.
- Tengo que decirte que tu padre está gratamente sorprendido con Jacob. No se esperaba que fuera a… respetarle – se rió.
- Ah, pero, ¿pudo escuchar eso? Creía que esta noche había estado demasiado entretenido como para prestarnos atención – me burlé, mirándole con intención.
Mi madre se paró en seco, forzándome a mí a hacer lo mismo.
- ¿Nos… oísteis? – quiso saber, avergonzada.
- No, solamente el… taladro – y exploté en una risa.
- ¿El taladro? – murmuró.
- El cabecero, mamá, el cabecero – le aclaré.
- Oh, Dios, qué vergüenza – lamentó, llevándose la mano a la cabeza, con la boca abierta en una sonrisa que delataba que no se lo podía creer.
- Bueno, no es para tanto. Fuisteis muy silenciosos, la verdad. Pero la próxima vez, apuntalar bien ese cabecero, o mejor, hacedlo en otro sitio en el que no se oiga nada, ¿vale? – bromeé.
Me dio un pequeño manotazo en el brazo como regañina mientras se mordía su sonriente labio, y yo me reí más.
- No nos dimos cuenta – reconoció, siguiendo mi broma -. Lo cierto es que estábamos muy concentrados y no reparamos en el cabecero.
- Pues sí que teníais que estarlo, porque no escucharlo…
- ¡Renesmee Carlie Cullen, vale ya! – me riñó entre risas -. Se nota que eres igualita a Jacob.
- Gracias – me reí.
Me cogió del brazo por enésima vez y comenzamos a caminar de nuevo.
Estuvimos un rato en silencio, hasta que ella lo rompió.
- Ayer me llamó Renée – me desveló de pronto, y su rostro volvió a ponerse algo triste -. Otra vez insistió en verme.
- ¿Ya has pensado qué vas a hacer con ese tema? – pregunté, frotándole la mano.
- No hago más que darle vueltas al asunto – suspiró –. No sé qué hacer.
- ¿Y por qué no le dices la verdad? – le sugerí -. No sé, Charlie lo sabe y lo ha aceptado, ¿no? Tal vez si se lo dices a Renée, también lo acepte y se arregle todo.
- Charlie lo sabe, pero no lo sabe – me corrigió -. Quiero decir, que él sabe que somos… algo, sin embargo, prefiere no pensar en la palabra, y mucho menos pronunciarla en voz alta. Creo que eso es lo que le mantiene cuerdo – se rió -. Ya tuvo bastante con ver la transformación de Jacob en su día. Pero Renée es diferente, ella no se va a conformar con saber que soy algo diferente y ya está, ella va a querer saberlo todo, cada detalle, por mínimo que sea, y ahí está el peligro.
- ¿Tienes miedo de que no te acepte?
Se quedó mirando al frente, pensativa, durante un rato y luego siguió hablando.
- Sí, a decir verdad, eso me horroriza – confesó con un hilo de voz -. Creo que no podría soportar que mi madre me rechazase.
- Ella no te rechazaría, mamá. Puede que le diera un patatús o algo cuando descubriera que eres un vampiro – bromeé -, pero enseguida vería que eres la misma de siempre y que eres buena. Además, eres su hija, y te echa mucho de menos. Creo que saber que su hija es un vampiro no sería nada comparado con poder verla siempre que quisiera, ¿no crees?
- No sé, Renesmee, puede que tengas algo de razón, pero, poniéndonos en lo mejor y suponiendo que ella lo aceptase todo, que Renée conociera nuestro mundo no dejaría de ser peligroso para ella.
- No si lo mantiene en secreto y se le explican bien todas las pautas que tiene que seguir – rebatí yo.
Mamá me miró sorprendida, como si acabase de caer en algo.
- ¿Crees que eso funcionaría? – inquirió.
- Una madre jamás delata a su hijo – afirmé -. Una madre siempre quiere a su hijo, sea lo que sea, y siempre acepta a su hijo con tal de que sea feliz. Renée solamente querrá tu felicidad, y verá que lo eres, que esta es la vida que escogiste, que eres lo que querías ser, así que, aunque al principio le choque, terminará aceptándolo, sobre todo porque te echa muchísimo de menos y hará cualquier cosa con tal de verte con frecuencia. Además, si Charlie lo hizo, ¿cómo no va a hacerlo ella? ¿No decías que Renée es una loca que siempre se cree las cosas más raras?
Su rostro se transformó en una enorme sonrisa y me abrazó con fuerza.
- ¡Nessie, Nessie, Nessie! – se rió mientras me alzaba una y otra vez, obligándome a dar saltitos -. ¡Eres genial!
Me reí con ella y me dejó en el suelo para darme un beso.
- ¿Entonces, vas a decírselo? – quise saber, alegre.
- Sí, pero primero tengo que hablar con tu padre para que me ayude – declaró, mucho más animada -. Tengo que escoger muy bien las palabras para explicárselo todo lo más claro y normalizado posible, algo que parezca natural y…
De repente, su boca dejó la frase en el aire y su cuerpo se envaró súbitamente, poniéndose en estado de alerta.
- ¿Qué pasa? – pregunté, extrañada y algo asustada.
Mi madre se puso delante de mí para protegerme.
- No te separes de mí – dijo con voz tensa, mirando al frente con gesto grave.
Mi olfato tardó unos segundos más en captar el olor que la había alertado a ella. Olor a vampiros.
Ya no pude articular más palabras. Mis piernas se agarrotaron, a la espera, el vaho de mi aliento empezó a salir más agitado y mi corazón comenzó a latir a mil por hora, temeroso. No era por desmerecer a mi madre, sabía que ella era fuerte, pero lo primero que vino a mi cabeza fue mi ángel de la guarda, mi Jacob. Sin él, siempre me faltaría algo para sentirme totalmente protegida.
Llevé mi vista al mismo sitio donde mi madre había fijado sus ojos. Entre aquella cortina de copos, empezaron a distinguirse tres figuras, tres espectros encapuchados, y a medida que avanzaron ya se pudieron visualizar bien. Dos encapuchados descomunales de túnicas gris oscuro y una pequeña de un color casi negro.
Apenas se les veía la cara bajo la capucha de sus capas, pero los reconocí al instante.
Felix, Demetri y Jane se acercaron sigilosamente entre los árboles del bosque, marcando un ritmo lento y cadencioso, tres fantasmas oscuros que flotaban sobre la nieve, hasta que la última hizo un gesto con la mano y se pararon a unos metros de nosotras.

Esta historia cuenta con los derechos correspondientes. Team Nessie & Jacob tienen la autorización de la autora para publicar la novela.
¡NO COPIES EL CONTENIDO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario