Concurso de Fanfics

Hola chico/as!
Les dejo los datos del concurso. Espero que se inscriban.

COMO APUNTARSE:
Envía un correo a: teamnessiejacob@gmail.com.
En asunto deberán de poner: CONCURSO
El correo tendrá que contener: NOMBRE DEL AUTOR, TITULO DE LA HISTORIA, IMAGEN DE LA HISTORIA, TIPO Y CATEGORIA DEL FIC Y EL FIC.

CONCURSO:
TIPOS DE FICS:
  • Songfic
  • Real person
  • One shot
  • Fics completados
  • Fics sin completar
CLASIFICACIONES:
  • M - Mature (Adultos)
  • T - Teens (Adolecentes)
  • K - Kids (Todas las edades)
JURADO:
  • MIAW
  • MARIA
  • TAMARA
PREMIOS:
Recomendación: Mejor Escritor
Estar en recomendaciones
Publicidad en los blogs
Blend al mejor escritor de fics
Banner al mejor escritor
Afiliados
(los premios se darán al primer lugar de cada tipo de fics)
¡ENVIAR TODOS LOS FICS ANTES DEL 20 DE AGOSTO!

Search

Chic@S!!! RECUERDEN QUE PUEDEN MANDARNOS SUS CREACIONES A teamnessiejacob@gmail.com TODO LO QUE NOS ENVÍEN LLEVARA SU NOMBRE!!!
ESTE BLOG ES PARA CONOCER A LOS DEMAS FANS DE RENESMEE Y JACOB

viernes, 1 de abril de 2011

VÍNCULO [DESPERTAR]

= LIBRO UNO =

RENESMEE



La verdad es que Nahuel no puso muy buena cara cuando nos vio entrar en casa agarrados. Por supuesto, Jacob le gruñó al pasar a su lado de camino a la cocina y yo tuve que regañarle un poco, pero en cuanto traspasamos la puerta de la misma, mi mejor amigo se puso a silbar y empezamos a preparar la cena como si nada. Le pregunté a Nahuel si quería cenar con nosotros, con el correspondiente medio enfado de Jake, aunque volvió a sonreír en cuanto escuchó a nuestro invitado decir que prefería ir de caza por la mañana. Cuando uno prefiere la sangre fresca, se puede aguantar mucho sin comer otra cosa, así que no me extrañó.
Después de cenar y recoger la cocina, subimos a mi habitación. Me puse mi camisón de Snoopy y, mientras yo hacía unos deberes que había dejado para última hora, Jake se puso a ver esa vieja revista de coches antiguos que ya había visto quinientas veces pero que le seguía encantando. Me dio un poco de pena quedármela, sabiendo que era su favorita, aunque él insistió en que lo hiciera.
Cuando Jake se quitó la camiseta para irse a dormir al pasillo, me percaté de que se tendría que desnudar para transformarse – si no quería destrozar su ropa – y la imagen del río barrió cualquier otro pensamiento de mi mente. Le pregunté tímidamente, por curiosidad más bien, si se quitaba la ropa en pleno pasillo y se rió a carcajadas. Después de hacerme enfadar con sus típicas bromas, me explicó que se quitaba los pantalones en el baño y que se transformaba saliendo por la puerta por si a mi tía la Barbie se le ocurría pasar por allí.
Por la noche, ya en la cama, me costó mucho conciliar el sueño. No dejaba de pensar en la imagen de Jacob caminando desnudo por el río, en su imprimación, en la pulsera… Al final, me dormí por puro agotamiento.
Jake me llevó al instituto en la moto, aprovechando que había pocas nubes en el cielo. La había traído el día anterior, ya que tenía que reparar su coche. Me encantaba ir en su Harley Sprint negra, agarrándome a su cuerpo calentito y sintiendo la sensación de libertad, aunque en esta ocasión mi padre me obligó a ponerme el casco y ya no era lo mismo. Me despedí de él cuando vi a mis amigas y, por supuesto, Brenda no le quitó ojo hasta que entramos en el recinto.
Por alguna razón, ese día se me hicieron las clases larguísimas. Hasta que llegó la hora del almuerzo, casi me parecía que ya había pasado una semana entera. Hablamos de lo que habíamos hecho el fin de semana, aunque yo tuve que maquillar muchas cosas, como el partido de béisbol, y omitir otras, como la persecución de un posible licántropo. A Brenda casi se le cerraban los ojos de la rabia cuando le dije que había pasado toda la tarde del domingo con Jacob a solas, si le llegara a decir que le había visto desnudo y que estaba imprimado de mí, me hubiera clavado el cuchillo. Me reí con malicia en mi fuero interno.
Por fin, las clases terminaron, y cuando salí del centro con mis amigas y me despedí de ellas como era debido, me acerqué a Jake corriendo para abrazarle y olerle. Me di cuenta de que eso era lo que había estado esperando durante todo el día. Podía sentir la mirada de odio de Brenda clavada en mi espalda, eso hizo que lo abrazara más fuerte, para gusto de él – y mío, para qué negarlo -.
- He hablado con el Viejo Quil sobre tu pulsera y quiere verte – me anunció mientras me daba el casco.
- ¿A mí? – pregunté, extrañada.
- Sí, quiere hacerte algunas preguntas, nada más. No te importa, ¿no? ¿O tenías algún plan?
- No – me encogí de hombros -. En realidad, me apetecía ir a La Push para ayudarte en tu garaje, así que...
- Genial – contestó él con una sonrisa.
Me puse el casco y me subí a la moto después que él. Brenda se moría de la envidia cuando me arrimé todo lo que pude a Jacob y le rodeé con mis brazos, palpándole el pecho con las manos. Esta vez no me reí, me carcajeé con maldad en mi interior. El casco me tapaba el rostro enrojecido pero lleno de satisfacción, y además Jacob estaba disfrutando de lo lindo. ¿A quién le iba a amargar un dulce de vez en cuando?
Salimos a toda velocidad del aparcamiento del instituto y nos encaminamos hacia La Push.
Enseguida divisamos la casa de Jacob, para mi desgracia; el viaje se me había hecho demasiado corto. Llevamos la moto al garaje y nos dirigimos caminando a casa del Viejo Quil. Mientras paseábamos, me fijé en una cicatriz curada, pero de un reciente color rosado, en el brazo de Jacob.
- ¿Qué te ha pasado aquí? – le cogí el brazo y se la señalé.
- Ah, nada. Hoy casi me muerde un vampiro – me contestó tan tranquilo.
Yo me paré en seco y él tuvo que detenerse.
- ¿Cómo que casi te muerde? – le pregunté, asustada.
- Sí, bueno, sólo me rozó un poco – dijo, encogiéndose de hombros mientras miraba su cicatriz.
- ¿Que te…? ¡¿Que te rozó?! – mi voz empezaba a teñirse de miedo histérico.
- Nessie, tranquila – se puso frente a mí y me sujetó por los hombros mientras yo seguía con la boca abierta y la cara horrorizada –. Al final no ha sido nada, ¿ves?
- Jake, si te llega a morder… te hubiera… envenenado… y habrías… - mi boca se negaba a pronunciar la palabra.
- ¿Crees que soy idiota? – me respondió con una sonrisa -. No me iba a dejar morder, además, gracias a eso le cogimos y acabamos con él. No te olvides de que tengo a veintidós lobos a mi disposición.
Me pasó el brazo por el hombro y me obligó a caminar.
- ¿Qué quieres decir con gracias a eso? – algo me decía que no era nada bueno. Jacob se mordió el labio, pensativo, sin dejar de mirar al frente -. ¿Jake? – le azucé.
- Está bien, pero no te asustes ni nada, ¿vale? – sólo esa frase ya me daba miedo. Me miró para ver si decía algo y volvió la vista al horizonte para seguir hablando -. Son estrategias de lobos. Normalmente nunca llegamos tan lejos, pero no tuvimos otro remedio que hacerlo así. Ese vampiro no hacía más que perseguirme, me quería a mí, así que me puse como cebo para que los demás le cogieran.
Un temblor empezó a recorrer mis piernas solamente con el flash de la imagen en mi cabeza.
- ¿Como… como cebo? – murmuré, parándome de nuevo.
- Ya te digo que nunca lo hacemos, pero como me perseguía a mí y no ponía en peligro a nadie, se me ocurrió engañarle y tenderle una emboscada. Cuando creía que me tenía, ¡zaca! – gesticuló con el brazo libre -, mis hermanos salieron y se lo ventilaron – comenzó a reírse con malicia -. ¡No veas la cara que se le quedó a ese chupasangres!
Y la mía en ese instante debía de ser todo un poema.
- ¡No lo vuelvas a hacer nunca más, Jacob! – le regañé, deshaciéndome de su brazo y poniéndome frente a él -. ¡Te has puesto en peligro a ti, ¿te parece poco?! ¡Podías haber muerto! – al oír mis propias palabras, me invadió la misma sensación que el sábado en el coche cuando nos perseguía ese licántropo, y tuve que darme la vuelta para apoyarme en un árbol y ocultar mi rostro. Jacob se quedó detrás de mí, en silencio -. Ya sé que cazar vampiros es peligroso y que arriesgas tu vida todos los días – murmuré con voz queda -. Y sé que es algo que tienes que hacer, has nacido para eso, lo acepto. Pero no acepto que te arriesgues innecesariamente hasta ese punto, me niego – susurré con rabia, girándome hacia él para mirarle a los ojos -. Me niego a perderte, y mucho menos por eso.
- Lo… lo siento – musitó, acercándose a mí.
- Prométeme que nunca más lo volverás a hacer – le pedí con firmeza.
- Te gusto más de lo que crees – me soltó de sopetón, con una sonrisa.
- ¡Jake! – protesté.
- Vale, vale. Te doy mi palabra – me respondió, serio, levantando la mano.
- Bien - resoplé.
Le cogí de la misma y tiré de él para iniciar la marcha. Anduvimos un rato en silencio por el camino que daba a la casa del anciano. El Viejo Quil vivía cerca de la playa y enseguida la divisamos al iniciar la senda que daba a la arena.
La casita era la típica edificación quileute hecha de madera. Era de una sola planta rectangular - como la de Jacob -, bastante vieja, y tenía un color verde apagado por los efectos del mar y el tiempo. Tenía un pequeño porche que daba a la playa en una de las paredes menos cortas, salvado por dos escalones, y albergaba la puerta de entrada y dos pequeñas ventanas a cada lado sin adorno alguno.
Jacob dio dos toques a la puerta y me llevó de la mano al interior de la casita sin pedir permiso al propietario. Después de pasar por un diminuto vestíbulo que sólo constaba de un estrecho taquillón de los años sesenta para dejar las llaves y un espejo, pasamos a la salita, donde nos esperaba el Viejo Quil sentado en una butaca tan vieja como él, junto a Billy, Sue y Sam, que también se encontraban allí.
Me empecé a poner nerviosa al ver demasiada gente, ya que solamente contaba con el anciano Quil Ateara, aunque acto seguido fue sustituido por el asombro. Los tres miembros del Consejo que podían caminar se levantaron nada más ver a Jacob, y Billy se quitó del medio para dejarle paso, lo cual me sorprendió el doble, tratándose de su padre.
Me di cuenta de que esto no iban a ser unas simples preguntas. Algo pasaba con mi pulsera, que levantaba tanta expectación entre el Consejo, y eso no era nada habitual. Miré a Jake para ver si su rostro me explicaba algo y lo único que vi es que él estaba tan perplejo como yo.
- ¿Qué pasa? – preguntó -. ¿Por qué estáis todos aquí?
- Sentaros – nos invitó Billy, señalando el sofá.
Jacob asintió y me llevó con él hasta el asiento.
- ¿Os apetece tomar algo? – nos ofreció Sue.
- ¿Quieres algo? – me preguntó Jake.
- No, gracias – les contesté a los dos mientras me sentaba.
- Nah, pues yo tampoco – le dijo Jacob, haciendo lo mismo.
Me percaté de que los demás no tomaron asiento hasta que él lo hizo. Estaba alucinada. Sue, miembro del Consejo, y Sam, jefe de la tribu, nos habían dejado el sofá y habían cogido unas banquetas de la cocina para sentarse. Los cuatro estaban frente a nosotros con ojos intrigados y expectantes.
- Nessie, cuéntanos lo que puede hacer tu pulsera de compromiso, por favor – me pidió el Viejo Quil con suma amabilidad, pronunciando las palabras lentamente.
Me arrepentí enseguida de no pedir un vaso de agua o algo. Sólo escuchar compromiso de boca del Consejo, ya hizo que se me subiera la sangre a la cara y me latiera el corazón a mil por hora, puesto que esa pulsera tenía un significado algo diferente para ellos que para nosotros. Para encima, el hecho de que yo estuviera sentada junto a Jacob con nuestras manos unidas, lo empeoraba. Pero era más la curiosidad que tenía de saber qué les pasaba con la pulsera, que todo lo demás, y no tenía fuerzas para soltar su mano, necesitaba tenerla aferrada para no salir corriendo. Al menos, Billy sabía que me la había regalado cuando era pequeña y que no había sido en ese sentido. Intenté no darle importancia. Tragué saliva y me concentré en el resto de la petición.
- La pulsera… - miré a Jake y éste me acarició la mano, infundiéndome confianza. Tomé aire y hablé -. La pulsera vibra y me protege de los vampiros completos cuando siente que estoy en peligro.
El Viejo Quil me observó con sus arrugados ojos, pensativo, mientras los demás se miraban unos a otros un poco perdidos.
- ¿Cuántas veces lo hizo y cómo? – me preguntó con la misma tranquilidad.
Su manera de hablar lenta y pausada hizo que me sintiera más relajada. Pensé que, después de todo, solamente era una conversación entre amigos y, de paso, yo me enteraría de por qué mi pulsera levantaba tanta curiosidad.
- Bueno, sólo lo hizo una vez – comencé a explicar -. Estaba en el bosque con mi madre, mostrándole con la mano unas… - dudé - imágenes - lo mejor era soltarlo todo seguido, así no me costaría tanto –. Ella me sujetó la muñeca demasiado fuerte sin darse cuenta y me hizo daño. Entonces, la pulsera reaccionó y vibró una sola vez, pero lo hizo con tanta energía, que produjo una especie de honda expansiva que le empujó la mano y el brazo hacia atrás.
Se hizo un mutismo.
- Dime, ¿esas imágenes que le mostrabas a tu madre eran de Jacob?
- Sí… - reconocí, un poco avergonzada y extrañada de que lo supiera.
- Y dices que ella, cuando las vio, te hizo daño al apretarte la muñeca – me repitió para ratificar lo que yo había dicho.
- Sí – volví a afirmar.
Se hizo un murmullo generalizado que no comprendí y miré a Jake, éste se encogió de hombros. El Viejo Quil permanecía con su rostro imperturbable mientras asentía con entendimiento.
- ¿Qué más hace la pulsera? – preguntó el anciano a la vez que todo el mundo se callaba para prestar atención -. Dices que vibra, ¿verdad?
- Ajá, de dos maneras diferentes, ¡uy! – me tapé la boca con la mano inmediatamente al darme cuenta de que se me había escapado.
- Eso no me lo habías dicho – me recordó Jake -. Ayer me dijiste…
- ¿Cómo que de dos maneras? – le cortó el Viejo Quil con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, casi parecía que le habían desaparecido las profundas patas de gallo.
No me quedaba otro remedio que decir la verdad. Ahora tendría que tragarme la vergüenza con Jacob y decirlo delante de toda esa gente.
- ¿Me… me puedes traer un vaso de agua, por favor? – le pedí a Sue.
- Claro, cielo.
Todo el mundo, incluido Jake, se quedó en silencio, con la mirada fija en mí, esperando a que yo hablase; hasta que Sue volvió con el vaso de agua. Le di dos buenos tragos, lo posé en la pequeña mesita de madera que había delante del sofá y respiré hondo para hablar.
- Vibra de dos formas: una fuerte, como un móvil, y otra muy suave, como un cosquilleo – admití.
El Viejo Quil se quedó pensativo, con la mano en la barbilla.
- ¿Cuándo vibra fuerte? – preguntó al fin.
- Pues, también fue en una sola ocasión. Fue después de que la pulsera rechazara a mi madre empujando su mano - Jacob me miraba alucinado, no se podía creer que no le hubiera contado nada de esto -. Mi madre estaba cabreada con Jake por haberme regalado una… pulsera mágica y dijo algo de él que me molestó. Luego, la pulsera vibró como un móvil.
- ¿Qué sentiste cuando lo hizo?
Me empezaba a sentir como en un psicólogo o en un juicio de esos de la tele.
- No… no sé. Me… enfadé, creo. Me enfadé mucho.
Sin levantarse de la butaca, el anciano Quil Ateara colocó el bastón entre sus frágiles piernas y apoyó sus manos en él, con el gesto reflexivo otra vez.
- Bien, esta parte la tengo clara, pero hay algo que no comprendo aún. Me gustaría saber cuándo vibra suave – dijo.
¡Uf! Ahora venía la parte de la que no quería hablar mucho. Cogí el vaso y bebí otro poco de agua.
- Cuando… cuando estoy con Jake – murmuré con las mejillas ruborizadas.
- ¿Ahora está vibrando? – me preguntó Billy mientras todos se acercaban a la pulsera para mirarla.
- No, no – contesté con una risa nerviosa, negando con las  manos -. Y nunca vibra literalmente – le aclaré -. Creo que es algo que solamente noto yo, no sé, simplemente puedo sentirla. Aunque no estoy segura, cuando rechazó a mi madre, sí que pegó un bote de verdad – pensé en voz alta.
- Dices que ahora no está vibrando. Entonces, cuando estás con Jacob, ¿cuándo lo hace? – intervino el Viejo Quil.
Nunca imaginé que iba a pensar esto, pero echaba de menos la lectura mental de mi padre, así no tendría que explicarlo todo yo.
- No sé… - cogí el vaso de la mesa -. Cuando… cuando está muy cerca.
- Es cuando te toca o te besa, ¿verdad?
- Puede ser, no sé… - contesté, murmurando las palabras muy rápidamente.
Jacob dio un brinco en el sofá de la emoción y yo me tragué lo que quedaba de agua.
- ¿Y te advierte de él o te acerca?
- ¿Advertir de qué? – preguntó Jake, indignado.
- Me… me acerca – respondí con un susurro.
- ¿Ves? Esa es mi pulsera – mi mejor amigo se puso a frotar el aro -. Chica lista – la dijo.
Quil Ateara se quedó meditando un minuto en silencio.
- Bueno, quiero hacer una prueba para comprobar una cosa – propuso finalmente.
- ¿Una prueba? – repetí con ignorancia.
- Sí, para ver si vibra y por qué. Jacob, bésala – le mandó el anciano.
Pasé del pálido al rojo absoluto en cuanto terminé de digerir esas palabras, y lo peor es que no me quedaba ni una gota de agua en el vaso.
- Bueno, es que nosotros no… - intentó decir Jake.
- Todavía no son novios, Quil – le interrumpió Billy con un cuchicheo.
¿Todavía? Iba a hablar, pero Jake me pisó el pie con intención para que no abriera la boca.
- ¿Cómo que no? Ella lleva la pulsera de compromiso – contestó el Viejo Quil, incrédulo, señalándome con el báculo.
- Sí, pero ya sabes que se la regaló cuando era una niña pequeña. No tiene el mismo significado para ellos que para nosotros – le explicó Billy, para mi total agrado.
- ¡Tonterías! – bramó el anciano, golpeando con el bastón en la mesa y haciéndonos saltar a todos en los asientos, incluido a mi vaso, que estaba posado en el mismo mueble. Aunque estaba muy mayor, tenía una voz de lo más potente -. ¡Me imagino que ahora ella sabe de sobra el significado que tiene esa pulsera, ¿no?! ¡Si la sigue llevando, será por algo! ¡¿Verdad?! – me interrogó con los ojos furiosos.
- ¿Eh? Ah, sí… Sí, claro – le contesté, sonriéndole con nerviosismo.
Jacob me miró como si me fuera a matar, pero cualquiera le llevaba la contraria a ese anciano, ahora entendía que me hubiera pisado el pie antes.
- ¿Lo ves? – le reprochó Ateara a Billy; éste puso los ojos en blanco -. Bien – se volvió a acomodar en la butaca, más tranquilo -, ahora, bésala – le dijo a mi mejor amigo, invitándole con la mano.
- Esto… Es que yo no… - Jacob se llevó la mano a la nuca, incómodo -. Todavía… todavía no la he besado nunca – soltó finalmente.
A Sam se le escapó una risa cortada mientras intentaba ponerse serio y Jake le sacó el dedo corazón, con cara de malas pulgas.
- Bueno, pues aprovecha ahora para hacerlo – le instó Quil Ateara -. Dale tu primer beso, eso será aún mejor para lo que quiero comprobar.
Sam ya casi no podía aguantar la risa y estaba contagiando a Billy, que empezaba a curvar la comisura de su labio hacia arriba, aunque no sabría decir si era más bien alegría de que su hijo tuviera la oportunidad tan a tiro. Sue era la única que se comportaba como si fuera lo más normal del mundo. Le di un codazo a Jake para que hiciera algo.
- Es que aquí… delante de todo el mundo…
- ¡Que la beses ya, demonios, no tengo toda la tarde! – le bufó Ateara, alzándole el bastón -. ¡Hay que ver qué juventud, unos mucho y otros nada!
- Vale, vale – le contestó Jake, intimidado.
Se giró hacia mí y carraspeó. Antes de que me diera tiempo a abrir la boca para protestar, me dio un pico en los labios rapidísimo que ni noté, para estupor de los allí presentes y mío, y volvió a su posición en el sofá.
Sam no pudo aguantar más y se le escapó la risa. Tuvo que agachar la cabeza y taparse con la mano, mientras negaba y se carcajeaba en voz baja.
- ¡Por el amor de Dios, chico! – exclamó Ateara, enfadado - ¡¿De verdad tú estás imprimado de ella?!
- Sí, por supuesto – respondió Jake, un poco ofendido por la duda.
- ¡Pues dale un beso como Dios manda, diantre! – volvió a gritar el Viejo Quil, amenazándole con el cayado -. ¡Si no la besas en condiciones, no podré comprobar lo de la pulsera, y tengo que hacerlo, es muy importante!
- Venga, hijo. Ahora no dejes mal el apellido. Un Black siempre cumple – le pinchó Billy.
Qué bien, y ahora el otro.
Jake resopló y se giró de nuevo hacia mí.
- A veces estás mejor calladita – me cuchicheó al oído muy bajito mientras se arrimaba a mí y disimulaba que se ponía cómodo –. Ahora cree que estamos prometidos, así que no puedo negarme y tengo que besarte. No sabes cómo es este viejo cuando se cabrea.
- Tendrás morro – murmuré entre dientes.
- Si quieres, voy a por Emily y te enseño cómo se hace – le sugirió Sam, mofándose, al ver que tardaba.
- Vosotros haced como que no estamos – azuzó Billy, guiñándonos el ojo.
Jake les echó una mirada asesina de reojo mientras colocaba la mano en mi mejilla.
¿Si rezaba mucho, se abriría la tierra para que pudiera meterme dentro y pudiera salir huyendo de allí? Seguro que el centro de la tierra estaba menos caliente que mi cara. ¿De verdad me iba a besar delante de toda esa gente?
Dos, cuatro, seis, ocho. Podía notar los ocho pares de ojos puestos en nosotros, observándonos con suma atención. Iba a levantarme y salir corriendo de allí, pero Jake me clavó su decidida y penetrante mirada y me quedé paralizada. Entonces, ya no pude sentir nada más que la llamada de sus pupilas y su mano tocando mi cara. Era esa fuerza atrayente otra vez, me hechizaba y me dominaba por completo. Empezó a aproximar su rostro al mío y noté las taquicardias y las mariposas de siempre. La pulsera comenzó a hacerme las cosquillas, animándome a seguir, pero cuando su frente me rozó, vacilé un poco y me aparté unos centímetros. Me daba demasiada vergüenza que nos tuviéramos que dar nuestro primer beso delante de todas esas personas. Nuestro primer beso, me dije, asombrada por mi propio pensamiento. El aro de cuero rojizo me hizo cosquillas de nuevo y las personas que nos rodeaban empezaron a desaparecer una por una, hasta que quedamos él y yo, los dos solos. Ya no había nadie con nosotros, así que me pude perder del todo en mis adorados ojos negros. Seguí el impulso de esa fuerza mágica y me dejé llevar. Rodeé su cuello con mis brazos y pegué mi rostro al suyo con vehemencia. Jacob deslizó la mano hacia mi nuca y empezó a acercar sus labios a los míos…
- Bueno, ya es suficiente para ver lo que quería ver – nos interrumpió el Viejo Quil.
Su repentina y alta voz hizo que los ocho pares de ojos aparecieran de pronto y con ellos sus propietarios. Me aparté de Jacob instantáneamente, con toda la sangre en la cara.
- Podías haber esperado un poco más, ¿no? – gruñó Jake, molesto.
- Nunca he visto nada igual en toda mi vida – murmuró el anciano Quil Ateara, levantándose con el semblante sobrecogido, sin hacer caso de la queja -. Es cierto – se dirigió a mí -, no vibra a ojos de los demás, nosotros no la hemos visto, pero todos hemos observado cómo tú sí la sientes y, sobretodo, hemos notado la energía que desprendéis – se llevó la mano a su cabello blanco -. Es increíble, esto último es impresionante, nunca había percibido una energía igual.
Pestañeé, estupefacta a la vez que muerta de vergüenza. ¿Ellos también habían notado esa fuerza, energía o lo que fuera, que me empujaba hacia a él?
- Ya sabes lo que significa todo esto – le dijo Billy con el rostro sobrio.
- Sí, es la prueba definitiva – confirmó el Viejo Quil.
- Es Taka Aki, ya no hay ninguna duda – ratificó Sam, levantándose de su banqueta.
Los cuatro semblantes se giraron para mirar a Jake llenos de admiración y profundo respeto. De pronto, todo mi sofoco se vio sustituido por la misma sensación.
- ¿Vais a empezar otra vez con eso? – protestó Jacob.
- Hijo, la pulsera la hiciste con tus propias manos, yo mismo lo vi. Y esa energía es la prueba definitiva de tu gran poder espiritual – le explicó Billy, visiblemente impresionado.
- Tú llenaste esa pulsera de tu amor – intervino Sue, maravillada.
- La única pulsera que tenía poderes era la que Taka Aki le hizo a su esposa – siguió el Viejo Quil -, y ahora la tuya también. Ya son demasiadas coincidencias, sólo que esta tiene incluso más poder que la original. Es asombroso.
- ¿Cómo? Yo no… - Jacob se puso de pie mientras se llevaba la mano a la cabeza y miraba al suelo; se quedó pensativo, con una expresión de confusión y perplejidad en el rostro.
Me quedé muda ante lo que estaba viendo. Mis fascinados ojos estaban siendo testigos de parte de la Historia quileute y de sus leyendas. Estaba viviendo una, quizás la más importante.
El Viejo Quil volvió a su semblante imperturbable del principio y habló pausadamente de nuevo, dando muestras de su gran sabiduría.
- El Gran Lobo le hizo una pulsera a su tercera y última esposa, de la que estaba imprimado, para que ésta no se sintiera sola cuando él se tenía que ir con los demás guerreros – el anciano Quil Ateara empezó a explicar la historia que Jake me había contado hacía unos días -. La hizo de doble trenzado, que simbolizaba los lazos y el compromiso con ella, de cuero, que era fuerte y resistente como su amor, y del mismo color que su pelaje, para que su esposa siempre pudiera notarle con ella, lo recordara y no se sintiera sola. Tal era su poder espiritual, que la impregnó de su amor y la dotó de magia, casi nadie sabe esto último.
››La pulsera servía para que su esposa no se sintiera sola, pero, además, la protegía de todo aquel que quería separarlos, de toda amenaza a su profundo amor – Ateara giró su viejo rostro para mirarme -. La pulsera vibraba fuerte para avisar a la esposa de que había algo o alguien que los quería alejar, de algo que afectara a la pareja, con el fin de que ella pudiera responder o actuar; y lo hacía impetuosamente, descargando su energía, cuando ya se convertía en un peligro claro.
Me quedé helada por lo que estaba escuchando, mientras que sus ojos hundidos me hablaban con seguridad. ¿Eso iba por mi madre? Pero, ¿por qué?
- Ante todo y sobretodo es una pulsera de amor, pues está llena de él – continuó el Viejo Quil -. No utiliza la violencia, tan sólo en esas ocasiones especiales usa su poder como protección. Pero no protege de vampiros, ni de nada más – volvió a mirar a Jacob, que seguía con el rostro contrariado -. La vibración suave es un poder único, nunca se ha visto nada igual. No sé por qué vibra de ese modo, pero todos hemos notado la energía que desprendéis cuando os miráis - de repente, me vino a la cabeza aquella frase de mi madre: “Es que… os miráis de esa forma tan…, con esa adoración mutua, que, no sé, me asusta un poco, la verdad” -. Eso quiere decir que vuestro vínculo es increíblemente fuerte. Tal vez por eso la pulsera le hace cosquillas, para acercarla a ti, aunque no estoy seguro. Se verá con el tiempo, si es que alguna vez sois novios y os besáis de una vez.
Estupendo, el Viejo Quil había sabido desde el principio que no estábamos prometidos ni nada y, aún así, nos había engañado para que nos besáramos. Reprimí mis ganas de pegar un puñetazo en la mesa y decirle cuatro cosas.
- Tienes que aceptarlo de una vez, Jacob – le dijo Sam -. Ahora te corresponde a ti ser el jefe de la tribu.
Jacob levantó la vista súbitamente del suelo para fijarla en él.
- De eso ni hablar – masculló, apretando los dientes con indignación.
- Es un deber y un honor, tienes que aceptar – le respondió su hermano con firmeza.
- Sabes que lo es para mí, pero el único al que le corresponde es a ti, no pienso quitarle el puesto a nadie. Ni siquiera quería ser el Alfa de ninguna manada, así que mucho menos esto.
- No me estás quitando nada, estás cogiendo lo que es tuyo – insistió Sam.
- Eres el heredero legítimo de Ephraim Black y el Gran Lobo, por lo tanto, serás el jefe de la tribu a partir de ahora mismo – decretó el Viejo Quil, dando por zanjado el asunto.
Jake rechinó los dientes y observó al anciano con gesto disconforme. Me tendió la mano para que me levantara; se la cogí y me puse en pie de inmediato.
- Bien, se supone que ahora soy yo quien da las órdenes aquí – les dijo.
- Por supuesto – le contestó Ateara.
Miró a Sam a los ojos y habló con tono de mando.
- Te ordeno que sigas siendo el jefe de la tribu.
Me aferró la mano con fuerza y echamos a andar hacia la puerta del vestíbulo.
- ¡Tienes que serlo tú, Jacob! – rebatió Sam a nuestras espaldas.
- ¡No puedes negarte! – exclamó Billy.
- ¡Es una orden! – gritó Jake, furioso, dándose la vuelta para mirarles fijamente.
A Sam se le doblaron las piernas y cayó sentado en la banqueta, con el rostro impresionado por el poder de su voz de Alfa.
Jacob se dio la vuelta otra vez y seguimos la marcha hacia la puerta principal, hasta que por fin salimos.
Hicimos el camino de regreso a su casa en silencio. Él estaba demasiado confuso y contrariado, y yo estaba demasiado alucinada por todo lo que había pasado. Cuando entramos en su garaje, me soltó la mano y se sentó en las cajas de refrescos vacías y apiladas que utilizábamos como banco, apoyando la cabeza en la pared de bloque de hormigón.
No me gustaba nada verle así, parecía tan preocupado. Me acerqué con paso ligero y me quedé frente a él, mirándole. Sus angustiados ojos, que estaban observando las planchas de chapa del tejado, se movieron y se quedaron fijos en mí. Curvé mis labios hacia arriba y empecé a acariciarle la cabeza con una mano, metiendo mis dedos entre su corto pelo azabache. Cerró los ojos y por fin sonrió con una mueca.
- ¿Qué te parece si le arreglamos algo a tu precioso Wolkswagen Rabbit del 86? – le propuse.
Abrió un ojo para mirarme.
- Prefiero seguir así, la verdad – lo volvió a cerrar y se cruzó de brazos -. Se está muy a gusto.
- Si te sigo acariciando, te quedarás dormido, y luego, ¿quién me llevará a casa? – le pregunté de broma.
- Te puedes quedar aquí a dormir – murmuró, sonriendo.
- No hay camas – repliqué.
- Puedes dormir en la mía – sugirió.
- ¿Y tú?
Jacob abrió los ojos y sonrió abiertamente.
- En la mía, por supuesto.
Retiré la mano de su pelo y me eché hacia atrás.
- Muy tentador, pero no, gracias – le respondí con sarcasmo.
Se puso de pie y se desperezó.
- Qué pena – suspiró, sonriente -. Bueno, nena, tú te lo pierdes.
Ya volvía a ser el de siempre, cosa que me alegró. Cogió dos refrescos tibios de la nevera portátil sin hielo y me pasó uno. Los abrimos y les dimos unos buenos tragos. Este ritual me encantaba.
- ¿Por dónde vamos a empezar? – le pregunté, posando mi lata en una de las estanterías y acercándome al vehículo para mirarlo.
- Lo primero es limpiar el coche por dentro, está lleno de cristales. Pero tengo que quitar los restos que quedaron en la ventana, espera – y dejó su refresco junto al mío.
Se fue hacia su arcón de metal y sacó una camiseta vieja que dobló muchas veces sobre sí misma para retirar los trozos de cristal que habían quedado enganchados en la ventana trasera.
- Puedes usar ese recogedor y uno de esos cepillos – me dijo, indicándomelos de lejos con el dedo.
Cogí el recogedor de mano, dos cepillos de la caja y le lancé uno que atrapó sin ningún esfuerzo.
- Tú también puedes usar uno – le critiqué.
- Era para ver si colaba, pero ya veo que no.
Abrí la puerta del conductor, corrí el asiento hacia delante y me metí en el coche para limpiar el asiento trasero y el suelo. Le pasé a Jacob las alfombrillas traseras para que hiciera lo mismo con ellas y él sumó también las delanteras.
- Dime una cosa, ¿me habrías besado? – me preguntó de repente, sin pelos en la lengua, a la vez que sacudía las alfombras.
Me empecé a poner colorada y le di más fuerte al cepillo.
- Jake, no empieces – le advertí.
Las dejó en el capó, apoyó las manos en el techo del Golf, se inclinó y asomó la cabeza por la puerta abierta del copiloto para mirarme.
- Sí, ibas a hacerlo – afirmó con su sonrisa torcida.
Arrastré unos cuantos cristales en su dirección para que se apartase, pero sólo dio un saltito hacia atrás y luego volvió a su posición.
- Sabías que el Viejo Quil conocía la verdad y te ibas a aprovechar de la ocasión – le acusé, mirándole con los ojos entrecerrados.
- Qué va, no lo sabía, en serio, pero por supuesto que iba a aprovecharla, no soy tonto.
- No, ya veo que eres demasiado listo – le achaqué, retirando los trozos de vidrio de la bandeja trasera por la ventana sin cristal.
Se sentó en el asiento del copiloto y apoyó los brazos en el respaldo para mirar hacia atrás.
- ¿De verdad te hizo cosquillas? – volvió a preguntar.
- A ti qué más te da.
- O sea, que sí.
Me puse de rodillas en el asiento, ya limpio, y le di la espalda para seguir despejando la bandeja. Se levantó, corrió el asiento del copiloto hacia delante y se sentó detrás, a mi lado.
- ¿Y qué sientes cuando te hace cosquillas?
- Pues, cosquillas, qué voy a sentir – le contesté, impasible.
- El Viejo Quil dice que lo hace para acercarte a mí, porque nuestro vínculo es increíblemente fuerte – insistió -. A lo mejor, lo que quiere la pulsera es que me beses – adivinó con un tono de flirteo, poniendo los codos sobre el respaldo.
Me bajé del asiento y salí por la puerta. Corrí el del conductor a tope hacia atrás y me senté en el hueco, escondiéndome de su vista, para pasar el cepillo por el suelo y arrastrar los cristales que habían llegado a esa zona dentro del recogedor.
- Eso sólo son conjeturas del Viejo Quil – alegué.
- Entonces, lo de Taha Aki también – afirmó, inclinándose hacia delante para asomar la cabeza por el lateral del asiento.
- No, eso es cierto – le contradije, mirándole -. Eres el Gran Lobo.
- Si eso es cierto, lo demás igual – me refutó con una sonrisita de autosuficiencia.
Ahí me tenía pillada.
- ¿Vas a limpiar, o tengo que hacerlo yo todo? – le reproché.
- Yo creo que ya está bastante reluciente – contestó con su también reluciente sonrisa; le tiré el cepillo y se carcajeó.
- Pues ahora tienes que pasar la escoba – le mandé mientras salíamos del coche.
- Oye, creo que Taha Aki no era un calzonazos, ¿sabes? – se burló.
Agarré una tuerca de la estantería y se la lancé a la cabeza. No le di porque le dio tiempo de sobra a agacharse.
- Bueno, vale – resopló, riéndose -. A sus órdenes.
Jacob agarró la escoba y se puso a barrer el suelo del garaje, alrededor del Golf.
- Ahora me toca a mí preguntarte – dije, reclinándome sobre el lateral del capó.
- Dime.
- ¿Por qué no quieres ser el jefe de la tribu?
- Porque ya lo es Sam – contestó sin dejar de barrer.
- Pero él dice que te corresponde a ti. Y Quil Ateara tiene razón, eres el heredero de Ephraim Black y…
- El jefe de la tribu es Sam – me cortó, molesto.
- No lo entiendo.
Dejó de barrer y me miró después de soltar un largo suspiro.
- A Sam le gusta serlo, le encanta, disfruta con ese trabajo, y a mí no me apetece nada. ¿Cómo voy a quitárselo? No lo haré nunca – concluyó, pasando la escoba otra vez.
- Tú eres el Gran Lobo, el Alfa de todos los Alfa, no creo que le estés quitando nada – discutí.
- Eso es lo que dicen ellos - cogió el recogedor con palo que había en la esquina y empezó a amontonar los trocitos de cristal con la escoba.
- ¿Es que no has tenido suficientes pruebas todavía? – le corregí.
Jake se quedó en silencio, observando los cristales con una mirada distinta. Yo conocía muy bien esa mirada.
- Lo sabes – exhalé con asombro -. Sabes que lo eres, Jake – me separé del coche y me puse frente a él para mirarle a los ojos.
- Sí, vale, puede que lo sea – admitió al fin, aunque a regañadientes.
- ¿Y por qué no lo quieres reconocer delante de ellos? – le pregunté, desconcertada.
- Ya lo has visto – se quejó, señalando la puerta del garaje con la mano -. Quieren que sea el jefe de la tribu.
- Pero…
La voz de Billy a lo lejos nos interrumpió. Me llamaba a mí desde su casa. Salimos del garaje y nos dirigimos allí. Billy nos esperaba en el porche.
- ¿Querías algo? – inquirí.
- Acaba de llamar tu padre – en un principio me extrañó que no me hubiera llamado al móvil, pero enseguida recordé que lo había perdido el sábado junto con la chaqueta del chándal -. Dijo que fuerais hasta tu casa, quiere hablar con vosotros.
Jake y yo nos miramos sin comprender.

Esta historia cuenta con los derechos correspondientes. Team Nessie & Jacob tienen la autorización de la autora para publicar la novela.¡NO COPIES EL CONTENIDO!

16 comentarios:

  1. me encanta!! genial! sigue asi=)

    ResponderEliminar
  2. Que capitulo tan bonito. No se ni por donde comenzar a comentar. En la parte de la reunión y el beso me he descojonado a más no poder. Jajaja todos ahí mirando esperando que se besaran y los dos cortados sin saber que hacer, jajaja. Cuando estan limpiando el coche es super bonito.
    Un gran saludo a la gente de este blog y uno de muy especial a la autora de esta historia. Otra vez lo vuelvo a decir, es genial como escribe. Sigue así con ese talentazo que tienes. Hasta el proximo cap.

    ResponderEliminar
  3. Simplemente hermosooo!... más capis pronto porfa!... un beso

    ResponderEliminar
  4. alaaaaa no me encantooooo !!!
    el casi beso en la casa del viejo quil estuvo genial!!
    me encantooo todo el capitulo deveras guaauuuu estuvo maravillosoo!! ya quiero mas capitulos!!:D
    sigue asi:) me quede sin palabras :3

    ResponderEliminar
  5. Definitivamente eres muy buena creando!!! TE FELICITO!!! pide que suban pronto el resto de los capítulos!!!

    ResponderEliminar
  6. Holaa. Visitaa mi blog, porfa:http://continuacionamancer.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  7. me encanto espero con ansias el proxmio cap
    la autora es muy buena me encanto todo de la historia

    ResponderEliminar
  8. Oh dios mio como me rei con el viejo Quil XD

    ResponderEliminar
  9. ¡Hola a todas! ^^

    ¡Muchisimas gracias a todas por vuestros comentarios! No os imaginais los animos que me dais :º) La verdad es que he escrito este libro con todo mi corazon, os lo puedo asegurar (yo misma sentia lo que sentian Nessie y Jacob XDD), y que la gente me ponga estas cosas tan bonitas es alucinante XD

    Muchas, muchas gracias por leerlo, de verdad.
    Espero que no os defraude y que os siga gustanto, porque todavia quedan muchas, muchas cosas por pasar ^^

    Un lameton a modo de beso enorme para todas!!!!

    ResponderEliminar
  10. gracias a ti por escribir porque lo haces muy bonito! la historia es alucinante pero quisiera saber cada cuanto se publican los capis?

    ResponderEliminar
  11. muy bueno me sorprendio pero aca se corta no????seguila la trama....

    ResponderEliminar
  12. aparece los nombres de los capitulos pero no el contenido...je....pero te felicito ya vas a tener tiempo de completarlo...muy bueno...

    ResponderEliminar
  13. te lo repito me gusto mucho 10 10 10 es mi puntaje je...

    ResponderEliminar
  14. ¡Hola, preciosas! (como diria Jacob XDD )

    Se seguiran poniendo mas capis ;-) pero no depende de mi, sino de las autoras de este blog, a las que vuelvo a darles las gracias por poner mi historia :)

    ¡Y muchas gracias a vosotras por leerla y seguirla! ¡Muchas gracias por vuestros animos! :ºº)

    Un besazo, guapisimas!

    ResponderEliminar
  15. chicas porfa cuando subes los siguientes capitulos han estado de infarto ya quiero leer más pleeeeeeassssseeeee. mil gracias....

    ResponderEliminar
  16. PORFAVOR NO DEJEN DE PUBLICAR....

    ResponderEliminar