Concurso de Fanfics

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  • Songfic
  • Real person
  • One shot
  • Fics completados
  • Fics sin completar
CLASIFICACIONES:
  • M - Mature (Adultos)
  • T - Teens (Adolecentes)
  • K - Kids (Todas las edades)
JURADO:
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viernes, 1 de abril de 2011

DESNUDO [DESPERTAR]

= LIBRO UNO =

RENESMEE


Nahuel me parecía un chico muy educado y agradable. No entendía por qué Jake decía eso de él, aunque, estando imprimado, todos los chicos que se me acercasen le caerían mal, por supuesto.
El trayecto a casa duró menos de lo que me había esperado y llegamos más pronto de la cuenta. No pude decir ni una palabra en el coche, estaba demasiado ensimismada pensando en el secreto de Jacob. Me dediqué a escuchar de fondo la agobiante ópera que Nahuel llevaba en el Ferrari, mientras miraba por la ventanilla.
Nada más bajarme del vehículo, me llegó el efluvio de Jake. Parece ser que él también se había adelantado. Sin embargo, su olor no venía de la casa, venía del bosque. Ya me debía de estar esperando.
- Me lo he pasado muy bien, gracias – le dije a Nahuel.
- ¿Quedarás conmigo otro día?
- Claro, por qué no.
Al fin y al cabo, me había gustado su compañía, y ahora sabía que Jake hablaba mal de él influenciado por su estado.
- Muy bien, ya hablaremos entonces – Nahuel sonrió satisfecho.
- Entra, si quieres – le señalé la casa -. Yo he quedado en el bosque con Jacob.
- Ah, de acuerdo. Nos vemos luego.
- Sí, hasta luego.
Nahuel se giró y subió las escaleras del porche para meterse en casa. Yo hice lo mismo para adentrarme en el bosque.
Mientras caminaba entre los enormes pinos y abetos, volví a rumiar todo el asunto y mi enfado aumentó. Lo único que me apetecía era agarrarle del pescuezo y hacerle hablar. Me puse a correr para encontrármelo lo antes posible y pillarle desprevenido. Empecé a olisquear su efluvio, oteándolo para ver de dónde venía. Al parecer, todavía no estaba en el tronco, el olor venía de otro sitio. Me dirigí hacia allí, echando humo por la nariz. Me percaté de que estaba cerca del río, ya que se escuchaba el sonido del agua. Estaba ahí, podía olerle. Divisé el río entre la vegetación y aceleré.
De pronto, mis ojos se abrieron como platos cuando le vi a través de los dos últimos y gruesos abetos. Mis piernas se detuvieron en seco, derrapando con las hojas caídas en el suelo, y me escondí detrás del gran árbol que estaba en primera línea, con el corazón retumbándome en la garganta. Recé para que no me hubiera visto, hasta que el ruido del agua sonó de nuevo y respiré aliviada. Me di cuenta de que tenía el viento a favor y que por eso no podía olerme.
¿Sería verdad lo que había visto? ¿Jacob estaba… desnudo? Mi estómago estaba invadido otra vez por esos insectos que ya empezaban a ser parte de mí. Me quedé un rato quieta, apoyada en el tronco en silencio para ver si me tranquilizaba y me podía ir de ahí sin que me oyera. Me concentré en el ruido de la corriente del agua, en los pájaros, en el viento que mecía las hojas y…
…en el chapoteo de Jake mientras se bañaba desnudo.
Mi cuerpo se giró solo y me encontré a mí misma tras el árbol, con la frente y las manos puestas en el tronco, preparada para moverme hacia un lado. ¿Qué tenía de malo si le echaba otro vistazo? Después de todo, ya le había visto… un poco. Sí, casi no le había visto nada. Me mordí el labio, indecisa, y se oyó otro chapoteo. Mi cabeza empezó a ladearse hasta que pude tener visión. Cuando mi mandíbula se cayó, apoyé mi boca en la mano y me arrimé bien al tronco para que no me descubriera. Ni siquiera le hice caso a las mariposas histéricas, ni a mi corazón a punto de estallar, ni a mis mejillas encendidas, cuando observé lo que tenía delante.
Jacob estaba sentado de frente, tan tranquilo, en una roca de la orilla más alejada, descansando el peso de su espalda sobre sus manos y con los pies metidos en el agua, jugando con la corriente, mientras miraba algo a su derecha, a lo lejos. De repente, se fijó en el río y se arrastró hasta que se metió de un salto en el agua. Me escondí de nuevo detrás del árbol, aunque no tardé mucho en volver a ladearme para mirar. El agua le llegaba por las rodillas y caminaba en mi dirección, hacia la orilla, sacudiéndose el pelo con la mano. Casi parecía que lo hacía a cámara lenta. El sol hacía brillar su cobriza piel mojada y creaba destellos en el agua que se reflejaban en su cuerpo, en su cara y en sus ojos negros. Su desnudez era hermosa y perfecta, todo él era músculo, fuerte y proporcionado. Le pude ver de espaldas cuando llegó a la orilla y se dio la vuelta. Se quedó quieto, con los brazos en jarra, esperando para secarse a tres metros de mí. Lo tenía muy cerca, pero mi cuerpo no se podía mover del sitio, mis pupilas no se podían alejar de él. Se volvió a revolver el pelo mientras se giraba para coger sus pantalones vaqueros cortos y su camiseta negra, que estaban colgados de una rama del enorme abeto en el que yo me ocultaba.
En cuanto empezó a vestirse, me giré para esconderme. Me había quedado tan absorta y fascinada, que no me había dado cuenta de que me tenía que ir de allí ya. Si Jacob pasaba la frontera del árbol, me olería y me descubriría.
Aproveché cuando se daba la vuelta y se ponía la camiseta, para alejarme del tronco lentamente. Me cercioré de no pisar ninguna rama seca y de no hacer ningún ruido, casi ni respiraba, por si acaso. En cuanto me distancié lo suficiente para que no me oyera, eché a correr entre el resto de los árboles.
Después de galopar un rato, me paré a descansar. No era que estuviera cansada, sino que necesitaba asimilar todo lo que habían visto mis ojos. Estampé mi espalda en un pino y apoyé mi liada cabeza, mirando a las copas de los árboles. Toda mi determinación se había roto con la imagen de Jacob saliendo del agua. Ni siquiera me acordaba de lo que había ido a decirle, y lo peor es que tenía que ir a nuestro tronco dentro de unos minutos. Cuando lo tuviera delante, seguro que no podría ni respirar, en ese mismo momento no podía ni pensar.
Se hizo un placentero silencio en mi cabeza que me llenó de paz durante un instante. El aire bailó con mi largo pelo, elevándolo y haciendo que se meciera al son de las ramas y las hojas que observaba. Me relajé un poco y empecé a recapacitar con más claridad.
Había venido para hablar con Jake de su imprimación, quería saber por qué me había mentido durante estos años. Tomé aire y me separé del pino para caminar en dirección a nuestro rincón.
No tardé mucho en llegar y sentí cierto alivio. El tronco estaba vacío, Jake todavía no había llegado. Eso me daría tiempo para pensar en cómo se lo iba a soltar. Empecé a pasear algo aturullada, ideando las frases que le tenía que preguntar.
- ¡Nessie! – exclamó Jake a mis espaldas, haciéndome pegar un bote del susto.
Nada más girarme, le vi trotando hacia mí para abrazarme, mientras se reía. Su pelo mojado me recordó a la escena del río y mis mariposas se agitaron, nerviosas. De dos zancadas, me alcanzó y me envolvió con un abrazo. Me apretó contra él y me olió el pelo. Me pilló tan desprevenida, que el instinto actuó solo y, sin poder evitarlo, le devolví el abrazo. Mis brazos se engancharon a su espalda y mi mejilla descansó en su pecho. Nuestros cuerpos se amoldaban tan bien, que parecía que estuvieran hechos para quedarse así para siempre.
- Te he echado mucho de menos – me susurró, posando sus labios en mi cabeza.
Tuve que luchar conmigo misma y obligarme a recordar que eso me lo decía porque estaba imprimado.
- Lo sé – le contesté mientras forzaba a mis obcecados brazos a despegarse de su cuerpo y me apartaba de los suyos.
- ¿Qué te pasa? – me preguntó, extrañado por mi reacción. De pronto, cambió la expresión de su rostro -. ¿Es que te ha hecho algo esa garrapata?
Se acercó a mí de nuevo y me cogió de la barbilla para examinarme la cara. Le quité la mano y me alejé.
- No, claro que no. Es un chico muy educado y agradable – le reproché, cruzándome de brazos.
Se quedó en silencio, mirándome pensativo y con el ceño fruncido.
- Entonces, ¿qué te pasa?
Todas las preguntas y frases que me había dado tiempo a trazar en mi mente, se me borraron de repente.
- No sé, dímelo tú – fue lo único que se me ocurrió soltarle.
- ¿Que te diga el qué? – Jacob me miró sin comprender.
- ¿No tienes nada que decirme? – quise saber, dándole la oportunidad de que me lo contara él mismo.
- ¿Decirte el qué? No te entiendo, Nessie. Como no te expliques…
- Tu secreto – dejé caer, señalándonos a los dos con la mano.
- ¿Mi… mi secreto? – preguntó, inquieto.
Ajá. Ahora parecía que ya lo había pillado.
- Sí, ya sabes de qué secreto te hablo. ¿Por qué no me dijiste que estabas imprimado de mí? – le espeté, enfadada, dejando caer los brazos a los lados.
Jacob se mordió el labio inferior y empezó a pasear nervioso, llevándose la mano a la nuca, escudriñando el suelo. Me quedé de brazos cruzados, esperando a que terminase la caminata.
- ¿Cómo… cómo te has enterado? ¿Te lo ha dicho alguien? – interrogó sin dejar de moverse de aquí para allá.
- Eso no importa. Lo que importa de verdad es que me has mentido, Jacob – mi tono se tiñó de indignación.
- Sí, sí que importa. Porque no tenías que haberte enterado de esta forma, quería contártelo yo. Quería decírtelo de otra manera, en otra situación.
- ¿Y por qué no lo hiciste? Me has tenido engañada todos estos años – mi garganta volvió a anudarse como en el cine -. Creía que era tu mejor amiga porque te gustaba estar conmigo, no porque estuvieras obligado – sólo pude terminar la frase con la voz rota.
Se paró en seco y se giró para ponerse frente a mí con el gesto extrañado, pero parecía contento.
No me lo podía creer.
- ¿Es eso todo lo que te preocupa? – preguntó, ilusionado.
- ¿Es que te parece poco? – le contesté, enfadada, casi sin voz -. ¿Crees que no me duele que tus abrazos o cuando me coges de la mano no sea por mí, que lo hagas porque lo tienes que hacer?
Su rostro se puso serio y se acercó un paso para mirarme con los ojos llenos de decisión.
- Por supuesto que es por ti – me aseguró, agarrándome la mano -. ¿Ves? Ahora te cojo la mano porque yo quiero, no me lo ha mandado nadie, ni siquiera tú. El que yo esté imprimado, no quiere decir nada. Tú sigues siendo la persona más maravillosa del mundo para mí – alcé mis ojos llorosos tímidamente para fijarlos en los suyos -. No estoy obligado, como dices tú. Claro que tengo la necesidad de estar contigo por mi imprimación. No estar junto a ti, me costaría muchísimo, sería casi imposible; para los que estamos imprimados es como una especie de droga, pero al final, siempre tendría elección. Aunque eso me haría el ser más desgraciado del mundo, podría escoger no estar a tu lado, si quisiera – colocó mi mano en su corazón y me habló entre susurros -. Pero estoy aquí contigo, Nessie. Porque te he conocido y he elegido quedarme, estar junto a ti es lo mejor del mundo, me siento el hombre más afortunado del universo cuando estoy a tu lado. Y doy gracias a Dios todos los días por haberme imprimado de ti y no de Rosalie – terminó con una mueca burlona.
Le sonreí el chiste y me lancé a abrazarle mientras mis ojos se rendían y dejaban caer las lágrimas contenidas. Nos quedamos abrazados durante un par de minutos.
- Todavía sigo enfadada porque no me lo hayas contado antes – le susurré, hundiendo el rostro en su pecho.
- Estuve apunto varias veces, pero siempre me interrumpían - me acordé entonces de todas esas veces en las que Jake me intentaba decir algo, como aquella vez en el coche cuando mi madre nos había interrumpido picando en la luna trasera; por eso se había enfadado tanto con ella -. Luego, pensé que era mejor esperar y decírtelo más adelante.
Separé mi frente de su pecho para mirarle.
- ¿Por qué? – quise saber.
Jake me secó las lágrimas con el dedo y me miró durante un rato, pensativo. Se despegó de mí y me llevó de la mano hasta el tronco. Pasó la pierna por encima para sentarse y dio unas palmaditas en la madera para que yo hiciera lo mismo. Nos quedamos sentados frente a frente y me volvió a coger la mano. Seguidamente, me clavó sus ojazos negros y me habló con entereza.
- Ya sabes lo que significa que yo esté imprimado de ti, ¿no? Quiere decir que somos almas gemelas, que estamos hechos el uno para el otro, que tu espíritu y el mío se complementan para que sean uno - empecé a notar las palpitaciones en el pecho a medida que me daba cuenta de lo que me estaba diciendo. Estaba tan enfadada porque me lo había ocultado, que hasta ahora no me había parado a pensar en lo que eso suponía para él. La pulsera comenzó a hacer de las suyas -. Significa que yo estoy en este mundo para ti de la forma que tú quieras – sus ojos me dieron un respiro y miraron hacia abajo -. Por supuesto, yo querría que fuéramos algo más que mejores amigos, ya te he dicho que me gustas demasiado.
Me quedé petrificada, sin saber qué decir, apenas podía respirar cuando sus pupilas volvieron a sujetar las mías. Noté otro cosquilleo en la muñeca a la vez que las mariposas de mi estómago se multiplicaban como en el restaurante cuando me había enterado de la noticia. Mandé a mis ojos que se despegaran de los suyos y que miraran al suelo, para que mi cabeza pudiera trabajar de nuevo. Me obligué a mí misma a recordar lo que había decidido esa misma noche: darme tiempo. Mi corazón imploraba que me lanzara a sus brazos y a sus labios, pero mi cerebro me decía que me lo tomara con calma. Ahora más que nunca tenía que ser cauta. Si hacía caso a mi corazón y luego sólo era atracción lo que sentía hacia él, le haría mucho daño. Me acordé de las palabras de mi madre en el bosque cuando me decía que para él no era un juego, cuánto significado tenían en este momento.
- Jake, no sé qué decir… Yo…
No me dejó concluir la frase. Me soltó la mano para alzar el dedo y me lo puso en la boca para silenciarme.
- Déjame terminar – me levantó el rostro para que le mirase y me habló despacio -. Después de pensarlo mucho, me propuse contártelo más tarde, porque no quería que esto influyera sobre nosotros. Si decidieras llegar a más y estar conmigo, quería que fuera por mí, no porque yo estuviera imprimado, ¿entiendes? Quería que lo hicieras libremente. Además, no tengo prisa, esperaré lo que haga falta hasta que tú estés preparada. Aunque tampoco soy tonto, lucharé hasta el final para que estés conmigo, porque sé que por lo menos te gusto. No lo haría si no fuera así y viera que te agobiara.
Como siempre, Jake parecía que también me podía leer la mente. Así que, ¿qué sentido tenía ocultárselo? Él me había abierto su corazón y tenía derecho a que yo hiciera lo mismo. No sólo le había visto desnudo en el río, ahora también había desnudado su alma.
- Sí, tú me… me gustas mucho. Tengo que reconocer que me atraes muchísimo – le confesé en un susurro con las mejillas ruborizadas. La pulsera empezó a hacerme cosquillas otra vez y tuve que ponerle la mano encima para que parase -. Pero no sé si sólo es eso, y no quiero hacerte daño si luego no surge nada más. Por eso necesito darme tiempo y que nos tomemos las cosas con calma -  aunque ahora mísmo me lanzaría a tus brazos, pensé para mis adentros. Apreté mi muñeca para retener mis manos -. No te imaginas lo especial que eres para mí, y sé que es muy egoísta por mi parte, pero no quiero perderte. Estar sin ti, me aterra. Mi mundo estaría vacío si no estuvieras conmigo.
- Eso ya es un gran paso – me dijo, sonriente. Posteriormente, su rostro cambió y me clavó su penetrante mirada -. Sea lo que sea lo que elijas, yo siempre estaré contigo, no tienes de qué preocuparte – me acarició la mejilla y murmuró con voz firme -. Te prometo que nunca me iré de tu lado.
Peleé con todas mis fuerzas, pero fue imposible, mis brazos actuaron por su cuenta. Se alzaron solos para rodear su cuello y, sin querer, mi frente se acercó demasiado y se quedó rozando la suya. Empecé a respirar con dificultad al tener esos ojos y esos labios tan cerca.
- Si haces esto muy a menudo, me costará mucho tomarme las cosas con calma, Nessie – me susurró con su sonrisa torcida -. Ahora mismo sólo me apetece besarte.
Y yo me moría de ganas de que lo hiciera, pero sabía que tenía que ser fuerte y resistirme. Aún así, mi cuerpo no hizo amago de apartarse de él. Palpité cuando sus manos se colocaron en mi cintura, y empecé a quedarme sin aire. La pulsera me hizo cosquillas de nuevo, aunque esta vez lo hacía como loca, parecía que se iba a poner a dar vueltas en mi muñeca. Cállate, no le puedo besar, le contesté en mi mente. Empezaba a pensar que estaba chiflada, ¿por qué hablaba con una pulsera? Para encima, no me hacía ni caso. Seguía vibrando, empujándome hacia sus labios.
- Si quieres, puedes besarme y probar a ver qué pasa – murmuró con la misma sonrisa -. No me importa, es más, estaría encantado.
- Jake, no… no voy a hacerlo – intenté que la voz pareciera lo más creíble posible.
- Entonces…, ¿por qué sigues ahí?  – me rebatió. Esperó a mi respuesta, pero yo no podía articular ni una palabra. Otra vez sentía esa fuerza hechizante que me llevaba a él sin remedio. Al ver que no me movía, sus manos me empujaron hacia él y me arrimó a su cuerpo, haciendo que nuestros rostros ya se tocaran. Las mariposas casi no entraban en mi estómago -. Lo siento, pero no puedo evitarlo - me dijo entre susurros, acariciando el lateral de mi nariz con el suyo -, la tentación es demasiado fuerte para mí. Si no quieres que te bese, tendrás que apartarte tú.
No me alejé de él ni un milímetro. Me apretó contra él con firmeza y noté su abrasadora respiración en mis labios. Mi cuerpo se estremeció, haciendo que por mi boca saliera un jadeo tan suave como un susurro, y noté cómo toda mi voluntad se hacía añicos, las mariposas explotaban para extenderse por todo mi organismo. Ahora sólo quería que me besase, lo deseaba con todas mis fuerzas, casi con urgencia. La pulsera dejó de vibrar al rendirme.
- Te gusto más de lo que crees… - me susurró en los labios.
- Jake… - le supliqué con un hilo de voz, para que me besase de una vez, atrayendo con fuerza su cuello y pegando más su rostro al mío.
De repente, se oyó un fuerte chasquido y giramos levemente nuestras caras para mirar en esa dirección, alertados, aunque ninguno tuvo intención de apartarse.
Me quedé helada cuando vi de dónde venía el crujido, y me separé de Jacob inmediatamente. Mi madre estaba detrás de un árbol, observándonos con el semblante horrorizado, y tenía una rama bastante gruesa en la mano. La había roto, de ahí el chasquido.
- ¡Mamá, ¿qué haces ahí?! – le pregunté, enfadada a la vez que sorprendida y algo apurada -. ¡¿Es que… es que nos estabas espiando?! ¡¿Cuánto llevas aquí?!
Mi cara se iba poniendo roja a medida que hacía las preguntas y yo misma me daba cuenta de la situación.
- Fue sin querer – empezó a explicar ella mientras Jacob se cruzaba de brazos y miraba al otro lado con el ceño clavado en los ojos -. Nahuel me dijo que estabais aquí y vine para ver qué tal te había ido el día. Cuando me acerqué y vi que estabais… ocupados, me quedé detrás del árbol para no molestaros. Ya me iba a marchar, pero me apoyé demasiado en la rama y se rompió.
- Vamos, Bella – se quejó Jake, mirándola con ojos acusadores -. ¿Un vampiro que se apoya en una rama y la rompe? A mí me parece que lo has hecho adrede para que no la besara – soltó sin cortarse un pelo.
Mamá pareció ponerse nerviosa con la recriminación y yo me puse como un tomate.
- ¿Por… por qué iba a hacer yo eso?
- Está más claro que el agua – siguió hablando Jacob mientras mamá me miraba con gesto preocupado, mordiéndose el labio y frotándose las manos con nerviosismo -. No quieres ver que Nessie ya no es una niña.
Mi madre movió sus ojos extrañados rápidamente hacia Jacob al oír esas palabras, como si discutieran de temas diferentes, y luego se relajó un poco.
- Eso ya lo veo, pero…
Jake se levantó y se acercó a ella, mirándola de frente.
- Sé que esto es difícil para ti, pero tienes que aceptarlo. Ahora es una mujer, Bella, mírala – me señaló con la mano y mi madre giró la cabeza para hacerlo -, prácticamente, aparentáis la misma edad.
Mamá se quedó un rato en silencio, mirándome pensativa, y luego se volvió hacia él.
- Por eso mismo, Jacob – dijo con inflexibilidad -. Deberías tener cuidado, y más en lo referente a tu…, ya sabes.
- Puedes decirlo abiertamente, acabamos de hablar del tema. Ya sabe que estoy imprimado de ella – le contestó él, mirándome con el labio curvado hacia arriba.
No me quedó otro remedio que corresponderle con una sonrisa tímida.
- ¿Ya… ya se lo has dicho? – mi madre se puso nerviosa otra vez y empezó a pasear de aquí para allá, con las manos haciéndose un lío -. Pero… pero os ibais a… ¿Eso significa que… ella y tú…?
- Eso no es asunto tuyo, mamá – le corté, enfadada, mientras me ponía de pie.
Ya estaba más que harta de que mi vida privada pareciera un tablón de anuncios con mis padres. ¿Es que también me tenía que desnudar yo, en sentido figurado,  delante de ellos?
- Tienes que confiar en mí, sabes que yo nunca le haré daño – le respondió Jake –. Y también tienes que confiar en ella, ya es mayorcita. Lo siento, Bells, pero tienes que asimilarlo, no te puedo decir más.
Mi madre deambulaba a toda velocidad, mirando al suelo como si hubiese perdido algo.
- No quiero hablar más de este tema – sentencié -. Es algo entre Jacob y yo, punto – agarré a mi imprimado de la mano y me dirigí al tronco -. Ahora, si nos disculpas… – le sugerí mientras me sentaba y tiraba de él para que hiciera lo mismo.
Cuando mi madre levantó el rostro, me di cuenta de que tal vez me había pasado.
- Sí, claro… - me contestó con la voz temblorosa y sus dorados ojos, vidriados -. Tengo… tengo que irme.
Genial. Ahora me sentía culpable.
- Mamá, espera – suspiré. Me levanté y me acerqué a ella -. Sabes que te quiero, pero tienes que entender que ya he crecido – miré a Jake de reojo y cuchicheé -,  y que hay cosas que no te puedo contar ahora mismo.
Tomó aire, más tranquila, y empezó a hablar.
- Vale, no hace falta que me des explicaciones. Tienes razón, a veces me da la sensación de que todavía eres mi pequeña y no me doy cuenta de que eres toda una mujercita. Pero tú también tienes que entender que tener una hija de seis años que es adolescente, es un poco difícil – le salió una sonrisa forzada, aunque sirvió para que yo le sonriera de verdad.
- Sí, debe de ser todo un coñazo, la verdad – añadió Jake con otra burlona.
Le dediqué una mueca.
- En fin, me voy, ya os veo en casa – me dijo mamá, dándome un beso en la frente –. No vengáis muy tarde, mañana tienes clase.
- Sí, hasta luego – me despedí mientras mi madre se daba la vuelta y Jake decía adiós con la mano.
Me quedé de pie hasta que se perdió entre la espesura del bosque, en dirección a la gran casa.
Jacob dio otras palmaditas en el tronco para que me sentara a su lado, y así lo hice.
- Vaya, tu madre qué oportuna. Bueno, ¿por dónde íbamos? – me insinuó con un tono pícaro, cogiéndome de la cintura.
- ¡Jake! – me quejé, despegándole las manos mientras se reía.
- Vale, vale. Lo siento, pero tenía que intentarlo. Es que no lo puedo evitar, ya sabes, la imprimación y todo eso.
- Me parece que lo que a ti te pasa es que tienes mucho morro – le acusé, cruzándome de brazos con el ceño fruncido.
- Está bien, perdona. Tiempo, tiempo – se recordó con su sonrisa torcida. Suspiré, con los labios curvados hacia arriba sin poder evitarlo -. ¿Qué tal tu cita con esa garrapata?
- No estuvo mal, la verdad es que me lo pasé bastante bien – le restregué un poco como venganza -. Vamos a quedar otro día.
- No me fastidies, Nessie – protestó, visiblemente molesto -. Sabes que ese tío no es de fiar.
- Pues a mí me parece un chico muy agradable y educado. Hasta me apartó la silla para que me sentase…
- ¡Por favor! – se rió -. Eso te lo puedo hacer yo a partir de ahora, si quieres. ¿No me digas que vas a quedar con él solamente por eso?
- Y porque me parece un buen chico.
- ¿Lo dices en serio? ¿Vas a volver a quedar con él? – preguntó, incrédulo.
- Sí.
Se cruzó de brazos y miró al horizonte con las cejas hundidas sobre los ojos.
- Ese tío no me gusta ni un pelo, tiene el alma negra – murmuró, enfadado.
- Lo que te pasa es que estás celoso, por eso no le puedes ver – le achaqué, poniéndome de pie y quedándome frente a él.
- Por supuesto que lo estoy – admitió, mirándome fijamente -. Pero, además, ese parásito ha venido para llevarte con él a la selva. ¿Crees que no lo sé? No pienso permitírselo.
- Yo no me voy a ir a ninguna selva – afirmé, riéndome.
- Por eso quiere hacerlo a la fuerza – explicó, apretando los dientes con rabia.
- ¿A la fuerza? ¿Qué estás diciendo, Jacob? – interrogué, escéptica.
- Piensa lo que quieras, pero a mí no me engaña. Lo presiento, sé que trama algo – gruñó -. Veo cómo me mira, con esa cara de asco. Quiere separarte de mí porque piensa… - se llevó la mano a la nuca, nervioso.
- Jake, ¿qué pasa? – inquirí, ahora preocupada, sentándome en su pantorrilla derecha y agarrándome a su cuello con un brazo.
Me sujetó por la cintura y miró al suelo, pensativo, con cara de malas pulgas.
- Es asqueroso, no quiero que lo oigas – dijo, sacudiendo la cabeza -. Sólo te diré que piensa que somos especies diferentes.
- Qué tontería. ¿Por qué iba a pensar eso? Además, de ser así, mi padre lo sabría – le sonreí para que se relajara -. Sigo diciendo que te dejas llevar demasiado por tus celos.
Tardó un poco, sin embargo, mi sonrisa pareció funcionar. Jake me cogió la mano derecha y entrelazó mis dedos con los de su mano izquierda.
- No me creas, si no quieres. Pero ya lo verás, algún día toda la verdad saldrá a la luz.
Nos miramos durante un instante y suspiré, cansada.
- ¿Qué has hecho tú hoy? – le pregunté para cambiar de tema.
- He ido a patrullar con las dos manadas. Ya tengo ganas de que vuelva Sam, no soporto cómo me tratan todos – resopló -. Tanto respeto me pone de los nervios.
- ¿Cuándo va a volver?
- Dentro de tres días, más o menos.
- ¿Y por qué no te gusta cómo te tratan? Que te respeten, mola.
- ¡Uf, qué va! No puedo estar tranquilo. Levanto una pata y ya los tengo a todos detrás de mí esperando una orden o algo. Imagínate a veintidós lobos mirándote con cara de alelaos.
- Eso es porque una orden del Gran Lobo es un gran honor – declaré con una risilla.
- Sí, lo sería si yo fuera el Gran Lobo, pero como no lo soy…
- ¡Qué pesado! – exclamé, riñéndole -. El único que no lo ves eres tú.
- ¿Y tú sí lo ves? – murmuró, sonriéndome.
- Ya te he dicho muchas veces que sí – le correspondí la sonrisa a la vez que le acariciaba la nuca con los dedos.
- ¿Y qué te parece que el Gran Lobo se haya imprimado de ti? ¿También es un gran honor? – me preguntó, flirteando.
- Por supuesto – afirmé sin pensármelo dos veces. De pronto, yo misma me di cuenta de que así era y me quedé mirándole embobada, como una tonta -. Es el mayor de todos – susurré, al hilo de mis pensamientos.
- Entonces, creo que a partir de ahora me empezará a molar – me contestó, satisfecho.
Nos sonreímos y acerqué mi frente al pelo que nacía de la suya mientras él me daba una palmada en la cintura.
- Por cierto, no me ha dado tiempo de preguntarle a los ancianos lo de tu pulsera – me dijo, soltándome la mano para acariciar el aro de cuero y darle vueltas con el dedo. Retiré mi frente de su cabeza para mirar la pulsera, sosteniendo la palma en el aire -. ¿Ha vuelto a vibrar o algo? – quiso saber.
Su pregunta, y que fuera formulada por él, me hizo caer en ello. Nunca me había parado a pensarlo hasta ese momento. Me di cuenta, con absoluto asombro, de que la pulsera producía dos tipos de vibraciones y que eran completamente diferentes. Cuando había vibrado con mi madre, un vampiro, lo había hecho fuerte, como un móvil; era un aviso, aunque todavía no entendía de qué, y si notaba peligro, soltaba esa especie de explosión. Sin embargo, siempre que vibraba muy suave, como un cosquilleo, tenía que ver con Jacob. Lo había hecho hacía un rato, y podía sentirlo, la entendía perfectamente; la pulsera me pedía que me acercara a él, que me dejara llevar, que le besara. Me pregunté si sería porque era una pulsera de compromiso, aunque él no me la hubiera regalado exactamente en ese sentido. Yo misma me quedé perpleja ante mi descubrimiento. La pulsera me protegía de los vampiros completos, pero también me unía a Jacob.
- Bueno, no me ha vuelto a tocar ningún vampiro - le contesté, encogiéndome de hombros, para evitar contarle lo que acababa de esclarecer mi mente y que me daba tanta vergüenza confesarle.
- De todos modos, mañana le preguntaré al Viejo Quil – afirmó. Me cogió de la mano otra vez y suspiró -. Tenemos que irnos a tu casa, está oscureciendo.
- Sí, es verdad.
Me puse de pie y tiré de él para levantarle, pero pesaba tanto - y encima él hacía fuerza para el contrapeso -, que ni lo moví. Se empezó a carcajear cuando lo agarré de las dos manos, apoyé el pie en el tronco para hacer más fuerza y, aún así, no podía con él. Otra vez me sentí un semivampiro raro. Nuestras fuerzas eran equivalentes, pero él seguía siendo más fuerte que yo; además, esa no era una de mis cualidades, precisamente. Al final, me reí yo cuando me lancé a su costado para hacerle cosquillas y se levantó de un brinco. Me pasó el brazo por el hombro y nos dirigimos a mi casa dando un tranquilo paseo entre bromas.

Esta historia cuenta con los derechos correspondientes. Team Nessie & Jacob tienen la autorización de la autora para publicar la novela.¡NO COPIES EL CONTENIDO!

4 comentarios:

  1. por dios llore con ese capitulo que hermoso estuvoo :') me encantooo !!!!!!!!!!!!!!1:D

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  2. increible este capi, una pregunta los demas capi se van activar conforme los vayan subiendolos????
    porque no se puede abrir lobos..

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  3. aun no eh subido los demás capítulos por eso no se pueden abrir aun :D... pronto subiré mas ^^

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  4. hhhhhhhhhhhhhhh Naaah! Que buena historia. justo ayer termine de leer Amanecer. Esta historia me vine como anillo al dedo. Es GENIAL simplemente eso. Esta taaaaaaan buena. Me encanta que por fin Jake tenga alguien que lo quiera como el se lo merece. YAAaa quiero que se besen. Mua Muaa! xD Genia la autora!

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