Concurso de Fanfics

Hola chico/as!
Les dejo los datos del concurso. Espero que se inscriban.

COMO APUNTARSE:
Envía un correo a: teamnessiejacob@gmail.com.
En asunto deberán de poner: CONCURSO
El correo tendrá que contener: NOMBRE DEL AUTOR, TITULO DE LA HISTORIA, IMAGEN DE LA HISTORIA, TIPO Y CATEGORIA DEL FIC Y EL FIC.

CONCURSO:
TIPOS DE FICS:
  • Songfic
  • Real person
  • One shot
  • Fics completados
  • Fics sin completar
CLASIFICACIONES:
  • M - Mature (Adultos)
  • T - Teens (Adolecentes)
  • K - Kids (Todas las edades)
JURADO:
  • MIAW
  • MARIA
  • TAMARA
PREMIOS:
Recomendación: Mejor Escritor
Estar en recomendaciones
Publicidad en los blogs
Blend al mejor escritor de fics
Banner al mejor escritor
Afiliados
(los premios se darán al primer lugar de cada tipo de fics)
¡ENVIAR TODOS LOS FICS ANTES DEL 20 DE AGOSTO!

Search

Chic@S!!! RECUERDEN QUE PUEDEN MANDARNOS SUS CREACIONES A teamnessiejacob@gmail.com TODO LO QUE NOS ENVÍEN LLEVARA SU NOMBRE!!!
ESTE BLOG ES PARA CONOCER A LOS DEMAS FANS DE RENESMEE Y JACOB

martes, 1 de marzo de 2011

NIÑA DE CRISTAL [DESPERTAR]

= LIBRO UNO =
RENESMEE

Era muy temprano. El sol me despertó cuando entró con sus primeros y débiles rayos por mi ventana, colándose con facilidad por la textura de esas cortinas. Eran unas cortinas ligeras de un color rosa pastel que dejaban traspasar la luz, pero nada sencillas, ya que estaban rematadas con unas caídas y unos bordados muy elaborados en un rosa más fuerte que les daba un aspecto elegante y antiguo, como de otro siglo. Por supuesto, las había escogido la tía Alice hacía cuatro años. Antes de que mis padres decidieran que la habitación que me había puesto Esme ya no era adecuada para mí porque yo ya no era tan pequeña y que había que cambiarla, aparecieron todos los muebles y complementos en el cuarto como por arte de magia, edredón y cortinas incluidas. A mamá y a mí no nos gustaba nada, y menos las cortinas y el edredón a juego, pero nunca le habíamos dicho nada, porque no queríamos herir sus sentimientos y, además, ella era muy buena haciéndote sentir culpable. Alice, en cambio, estaba muy orgullosa de su decoración y, para mi desgracia, decidió dejarla así todos estos años, cosa rara en ella.

Pero hoy era la última mañana que me iban a despertar esas horribles cortinas. Seguía con los ojos cerrados y una pequeña sonrisilla curvó mis labios sólo de pensarlo. Ya no tendría que soportarlo más tiempo. Esa noche ya dormiría en mi nuevo cuarto: la que había sido la habitación de mi padre en la casa grande. No era una independencia total, pues el resto de mi familia vivía allí, pero por lo menos estaría a salvo del continuo escáner mental de mi padre y tendría algo más de intimidad. Ya sabía que papá no lo hacía adrede, que no lo podía evitar, que le resultaba duro que hubiera crecido tan rápido en sólo seis años, pero una vez que se metía en mi cabeza y se ponía en ese plan sobreprotector, ya no había nada que hacer.
La sonrisa de mi cara desapareció cuando recordé el día en que le había dicho que iba a ir al instituto y que ya me había matriculado. Jake me había hablado de su instituto de la reserva muchas veces. Me había relatado todas aquellas divertidas historietas y anécdotas suyas junto con sus amigos Quil, Embry y el resto de los chicos de La Push, de las bromas, la camaradería, los profesores raros. Y claro, como siempre, mi padre tildaba a Jacob de bocazas, no con esas palabras, por supuesto, y le echaba la culpa de que yo me hubiera empeñado con tanto ahínco en ir al instituto. Quería seguir dándome él mismo las clases. No quería que me ocurriera nada malo, ni que nadie me hiciera daño. Según él, no había ninguna razón para que no diera las clases en casa hasta que dejara de crecer tan rápido, con esos cursos a distancia, bajo su vigilancia y protección, tanto académica, como personal. Pero mi crecimiento ya se había estancado mucho y él no quería verlo. Sabía que no tendría un profesor mejor que papá - de hecho, iba muy adelantada en mis estudios -, que lo decía porque creía que era lo mejor para mí, pero él no me comprendía ni me entendía, como sí lo hacía Jake. No era que Jacob me hubiera hablado del instituto para convencerme, ni nada por el estilo. Lo había hecho porque yo se lo había pedido, y él se había dado cuenta de lo sola que me sentía en casa, sin compañeros, sin anécdotas ni historias. Me sentía un bicho raro, como uno de esos niños de cristal que no pueden salir de su burbuja para que no les afecte el mundo exterior. Quería vivir como una adolescente normal, sin perderme nada, con sus problemas de adolescentes, exámenes y todo. Y papá lo sabía, por supuesto, sólo tenía que meterse en mi cabeza, pero luego me daba uno de esos discursos suyos sobre mi seguridad y la de la familia y ya no se podía hablar con él. Y mamá estaba entre dos aguas. Por una parte, decía que me entendía, pero por otra, apoyaba a mi padre, como siempre. Me decía que papá lo hacía por mi bien y que a él nada le dolía más que el que yo estuviera así, pero que tarde o temprano me daría cuenta de que era lo mejor para mí y que se me pasaría. ¿Que se me pasaría? Como si esto fuera un simple capricho. No me entendían en absoluto. Por eso decidí matricularme sin decirles nada. Jacob me buscó varias opciones, pero al final me decanté por el instituto de Forks, el mismo al que habían ido mis padres. Jake se tronchó de la risa cuando le dije mi elección.
- ¡Ya verás cuando se enteren tus padres! – dijo entre risas - ¡No sé por qué me da que se van a cabrear! – como siempre, todo lo que fuera enfadar a mi padre le encantaba.
Pero yo lo tenía todo pensado. La gente de la misma promoción de mis padres ya ni siquiera vivía en Forks, a mí no me conocía nadie, podía decir que era sobrina de Carlisle, o incluso de mi propio padre, de ahí mi apellido; y Jacob no iba a ser un problema si lo veían por ahí. Él no tenía que esconderse, aunque aparentaba unos veinticinco años, tenía veintidós y quedaba totalmente natural; y la gente de Forks estaba acostumbrada a verle cuando iba a visitar a Charlie o pasaba por el pueblo. Nadie iba a sospechar nada. Era perfecto. Yo me matricularía en el segundo curso. En realidad, a mis seis años era como si ya tuviera unos dieciséis o diecisiete. Mi nivel académico era superior, pero quería disfrutar de mi vida en el instituto al menos dos años; lo de la universidad, ya se vería. Además, Charlie estaba cerca y así podría ir a visitarle de vez en cuando, eso sin mencionar lo mejor de todo y más importante: que La Push estaba a un paso y podría ir a ver a Jacob, a Billy y a los chicos cuando quisiera. Sólo me faltaba un detalle. No tenía vehículo ni carné, pero éste último ya me lo sacaría y el coche… bueno, seguro que Jake encontraría alguna solución. Podía arreglarme uno de segunda mano o algo.
A papá casi le da un patatús cuando Jake y yo se lo dijimos, mejor dicho, cuando nos leyó la mente. Si no fuera porque ya es blanco de por sí, juraría que se había quedado pálido y todo.
Cuando entramos por la puerta de la casa, donde estaban todos, y vi su rostro y su expresión severa, me aferré a la mano de Jake, como siempre hacía cuando estaba asustada, y tragué saliva. Era la primera vez que desobedecía a mi padre. Su mirada era una extraña mezcla de desilusión e ira, hasta creí escuchar un ligero gruñido de su garganta, y ni agarrando la mano de Jacob se me quitaba el miedo. No era miedo físico, por supuesto, sabía que papá nunca me haría daño. Era el típico temor que le tiene un hijo a su padre cuando le desobedece y le ha pillado, sólo que, en este caso, tu padre, aunque  aparenta tu misma edad, es un vampiro y los ojos dorados le van cambiando de color conforme se va enfadando, cosa que da bastante terror. Tenía la garganta tan seca, que creí que mis cuerdas vocales no iban a poder emitir ni un sonido.
Me planteé entonces no decirle nada. Total, para qué, si ya se había enterado, pero cuando miré a Jacob y vi su postura totalmente despreocupada y su sonrisa alegre, me relajé un poco. Si no fuera porque le sujetaba la mano, se hubiera sentado tan tranquilo en el sofá. Me apretó la mano una vez para darme ánimos y me lancé.
Decidí que, aunque ya lo supiera, lo mejor era contárselo yo igualmente, dejar que las palabras salieran de mi boca. Además, mi madre y el resto de mi familia nos miraban con preocupación y seguro que también se querían enterar de qué iba el asunto. Mi madre nos miraba a papá y a mí con el rostro desconcertado y un tanto asustado, intentando leer nuestras expresiones. La verdad es que la de mi padre daba mucho miedo, sobretodo cuando miraba a Jake, en cambio éste estaba tan normal. Me di cuenta de que el toque de ira de su mirada iba más bien dirigido a Jacob.
Alice tenía el ceño fruncido y se mordía el labio con desesperación. Llevaba muy mal el no poder vernos el futuro ni a Jacob ni a mí, le ponía de los nervios. Siempre me pregunté por qué yo había tenido tanta suerte, y le daba gracias a Dios de ser inmune por lo menos a uno de los poderes de mi familia, y además al peor de todos. Era un alivio estar libre de ser vigilada las veinticuatro horas del día, ya tenía bastante con tener que pensar en otras cosas cuando estaba cerca de mi padre. Jasper estaba en alerta por si tenía que usar sus dotes de relajación, Carlisle, Esme y Rosalie permanecían a la espera, expectantes, con un tono de preocupación en los ojos, y Emmett estaba con los brazos cruzados y era el único junto con Jacob que sonreía de oreja a oreja.
- ¿Ya es oficial? – espetó Em, sonriendo y guiñándole el ojo a Jake.
La tía Rosalie le dio un codazo, enfadada, y Emmett se carcajeó. Los demás no dijeron nada, se limitaron a mirar con precaución a mi madre, que tenía una cara de espanto, como si hubiera visto un fantasma o algo parecido. Ahora oscilaba la mirada de Jake a mí y de mí a Jake. El único que permanecía con la misma expresión era mi padre. Yo no entendía nada. ¿Que si era oficial el qué? Me imaginé que se refería a mi matricula. Mi padre debía de habérselo contado todo al resto de la familia. Jacob miró a mi madre, puso los ojos en blanco y suspiró.
- No, no tiene nada que ver con eso. Aún es pronto – dijo, sonriendo. Mi madre pareció relajarse un poco. Luego, miró a mi padre más serio –. En primer lugar, quiero que te relajes, ¿vale? Nessie ya no es una niña, es como si ya tuviera unos diecisiete años  y ya es bastante mayorcita como para elegir su vida y vivirla como le dé la real gana – le soltó a mi padre, que seguía con cara de pocos amigos –. Además…
- No, Jake, deja que me explique yo – le interrumpí.
Si seguía hablando él, iba a empeorar las cosas. Tragué saliva una vez más para proseguir…
…pero mi padre alzó la mano para detenerme antes de que pudiera abrir la boca y mi madre le miró enfadada.
- ¡¿Qué está pasando?! – bufó ella.
- Renesmee se ha matriculado en el instituto – la expresión en el rostro de mi padre mientras me miraba era indescriptible.
- ¿Qué? – mamá me miró también cabreada, aunque había una nota de alivio que no comprendí en sus pupilas.
Jake puso los ojos en blanco otra vez.
- Y lo peor no es eso – siguió mi padre –. ¡Lo peor es que se ha matriculado en el instituto de Forks! ¡Es lo más imprudente que podía haber hecho!
Una paleta de emociones pareció dibujarse en el rostro de mamá. Yo creo que pasó del asombro a la perplejidad y del horror a la furia en una décima de segundo. En ese momento, deseé no ser mitad vampiro para no darme cuenta de tales reacciones.
- ¡Escúchame, mamá! ¡Por favor!
Sabía que si convencía a mi madre, el resto estaba hecho, mi padre nunca le negaba nada. Además, él era más duro de pelar. Ella había sido humana hacía poco tiempo, en esta época, y podía comprenderme mejor. Nos parecíamos demasiado, lo entendería. Aunque prefería no hacerlo porque me sentía más segura de mí misma, me solté de la mano de Jacob y me acerqué a mi madre con los ojos llenos de súplica.
– ¡Deja que te lo explique todo con detalle! ¡No es un simple capricho! – alcé la mano para ponérsela en el rostro.
Mamá me miró todavía enfadada y suspiró. Cogió mi mano y se la colocó en la mejilla. Mientras le dejaba internarse en mi mente, el resto de mi familia permanecía inmóvil, parecían estatuas de mármol. Mi padre no le quitaba ojo a mi madre, trataba de estudiar sus gestos mientras él mismo leía a la vez mi mente. Una ráfaga de alivio recorrió mi estómago cuando mamá me miró a los ojos y vi en los suyos la comprensión. Me acarició la cara con su fría mano, exhaló y me sonrió, asintiendo. Me entendía, por supuesto que me entendía. El semblante de mi padre era un collage de expresiones indescriptibles: incredulidad, enfado, desilusión, pena, más enfado…
Después de un rato, le retiré la mano de la cara y me acerqué a Jake para cogerle la suya de nuevo. Miré a mamá, a la espera.
- Bella, es peligroso – gruñó papá.
- ¿Qué opinas, Carlisle? – preguntó ella, ignorándole.
Entonces, se giró para mirar al resto y lo explicó todo con un tono objetivo, casi como si estuviera dando las noticias. Les relató mis razones y mis planes. Eso me alivió un poco, pues así no tenía que contarlo todo con palabras, cosa que me resultaba más difícil que lo de la mano, pero tampoco me apetecía ir uno por uno con la manita y pensar una y otra vez lo mismo.
Una vez que mi madre acabó su exposición, se hizo un pequeño silencio. Papá seguía enfadado y yo apreté otro poco más la mano de Jake, a la espera de la decisión. Necesitaba ese apoyo para no acobardarme y echarme atrás. Menos mal que era un hombre lobo y no le hacía daño, si hubiera sido un chico normal, se la hubiera roto.
Durante ese intervalo, en el que Carlisle adoptó un gesto pensativo, me di cuenta de que no había ninguna decisión. Jake tenía razón. Como siempre me decía él, la última palabra la tenía yo. Eran mis estudios, mi futuro, mi vida. Si no estaban de acuerdo, me daba igual, yo iba a ir al instituto, a ese instituto, dijeran lo que dijeran. Me daba igual si no me apoyaban, eso no me detendría. Sería un poco más difícil y me daría mucha pena, pero no me detendría. Aquí no servía el típico argumento de que era menor de edad. ¿Quién decía si yo tenía dieciséis o dieciocho años? Era imposible de verificar, así que no podrían detenerme con esa excusa. Tenía el apoyo de mi mejor amigo y eso era mucho más que suficiente. Jake rellenaba con creces cualquier hueco. Estaba decidida a ser una adolescente normal, no una niña de cristal. Quería empezar a vivir mi vida. Y papá tendría que aceptarlo. Al que se le pasaría sería a él. Sabía que mamá me entendía perfectamente, que me apoyaba. Ella había escogido esta vida, había luchado por ella, a pesar de tener tantos problemas como había tenido. ¿Qué hubiera pasado si ella se hubiera echado atrás? Yo ni siquiera habría nacido. Ahora ella era feliz. Y yo iba a serlo porque tampoco me iba a rendir, éramos demasiado parecidas. Tenía su ejemplo y lo iba a seguir.
Me di cuenta de que mi padre ya sabía mi decisión en cuanto pensé todo esto. ¡Qué frustrante era no poder tener intimidad, ni siquiera mentalmente!
De pronto, Carlisle levantó la vista y me miró. Alcé la cabeza con orgullo y determinación. Mi decisión estaba tomada. Después de mirarme un minuto, se giró hacia mis padres y habló con voz tranquila.
- Creo que podría ser factible.
El rostro de mi padre era un poema, mi madre me miró y me dedicó una ligera sonrisa cómplice.
- Carlisle… - se lamentó papá.
- Escucha, Edward – le interrumpió él, sonriendo como quitándole importancia –. Creo que esto es lo más normal del mundo, se veía venir. Quiero decir, que Nessie ha crecido muy rápido, todos nos hemos dado cuenta. En seis años ya es toda una mujercita y a todos nos cuesta asimilarlo algunas veces. Pero tienes que darte cuenta de que no la podemos encerrar en casa de por vida. Su crecimiento ya se ha estancado bastante. Cualquier cambio en su cuerpo ya no es tan evidente y no creo que los humanos sospecharan nada. Es joven y, como dijo Jacob, tiene que vivir su vida como le dé la… ¿cómo era…? – Carlisle se giró hacia Jacob.
- Como le dé la real gana – ayudó Jake con un tono un tanto chulesco mientras miraba a mi padre sonriendo.
Éste suspiró, cansado.
- Creo que Carlisle tiene razón – espetó la tía Alice –. Y sólo serán unos pocos años de estudios, Edward. ¡Unos pocos años de su larga vida! ¿Cómo vamos a quitarle eso? Además, no creo que haya ningún peligro, pero si lo hubiera, estaríamos vigilando y actuaríamos al instante.
- ¿Cómo? – bufó papá -. ¿Huyendo de Forks de repente y dejándolo todo atrás?
- Sabes de sobra que no vamos a estar aquí eternamente. De hecho, no nos quedan muchos más meses en este pueblo. Yo ya he tenido que cambiar de hospital para no levantar sospechas – la voz de Carlisle se había tornado seria y le lanzó una mirada fugaz a Jacob con una nota de pena.
- Por eso mismo. Es totalmente innecesario que haga amigos aquí, se encariñe con ellos y empiece una vida en Forks. Dentro de unos meses tendremos que marcharnos y dejarlo todo atrás – papá me miró apenado -. Más separaciones… - dejó la frase inconclusa -. No quiero que tenga más sufrimientos añadidos.
Noté un ligero temblor en la mano de Jake y entrelacé nuestros dedos con fuerza. Sólo pensar en estar separados, nos hacía temblar a los dos. No le gustaba nada la idea, y cada vez que salía el tema, tenía que tranquilizarle. Yo también odiaba ese pensamiento y también temblaba, aunque yo de pánico ante la idea de vivir sin mi mejor amigo, sin su compañía, su sonrisa, su calor, su alegría. Estábamos tan unidos, que no recordaba ni un minuto de mi vida sin estar a su lado. Éramos como dos hermanos gemelos que no se separan nunca. Imaginarme el estar sin él y él sin mí… Inconscientemente, miré la pulsera que me había regalado en Navidad cuando era pequeña. Me encantaba, y no me la quitaba ni para dormir. La notaba en la muñeca como si fuera de fuego, casi parecía que vibrara y me llamara. Intenté pensar en otra cosa. Si Jake me notaba preocupada, él también lo estaría, y no soportaba verle angustiado ni triste. Ya encontraríamos alguna solución para vernos todos los días. Me concentré de nuevo en la conversación.
- Por favor, papá – supliqué –. No es por hacer amigos. Es sólo que… yo… bueno, quiero ser normal, o al menos parecerlo. Aunque fuera por unos años. Lo necesito. Sabes que voy a ir igual, pero sería mucho más feliz si tú y mamá me apoyarais y me ayudarais un poco.
Mi madre, que se había quedado pensativa todo ese tiempo, se giró para quedar frente a mi padre.
- Edward – le susurró, mirándole a los ojos –, creo que deberíamos dejar que Renesmee fuera al instituto – mi cara se iluminó, pero la de mi padre pasó del enfado a la decepción, entrecerrando los párpados. Mi madre le cogió la mano y siguió hablando -. ¿Te acuerdas cuando yo era humana? Me decías que no me querías transformar tan pronto para que antes viviera todas las experiencias humanas posibles y así pudiera elegir si quería seguir siendo humana o vampiro.
- Nessie es medio vampiro – alegó con voz suave, más relajado –. Es más complicado.
- Es medio humana – le corrigió –, y no es tan complicado. Sólo hay que explicarle unas pautas a seguir. Es muy inteligente y las entenderá enseguida.
- Puedo controlar mi sed con los humanos – alegué, un poco a la desesperada -. Ya tengo experiencia con Charlie, Sue, Billy y más gente de La Push que no son lobos.
- No es lo mismo – replicó él -. Allí estarías continuamente rodeada de humanos, encerrada con ellos en sitios cerrados.
- Yo no soy como vosotros – intervine, un poco molesta -. No me cuesta nada, puedo controlarme perfectamente y lo sabes.
Mi padre iba a abrir la boca para refutármelo, pero no le quedó más remedio que cerrarla, sabía que era verdad.
- ¿No crees que ella también tiene derecho a elegir si quiere vivir como un vampiro o como una humana? – contraatacó mamá.
- Mírala – dijo mi padre, señalándome con gesto de agonía -. ¡Es tan joven! ¿Cómo va a saber qué es lo que quiere?
- ¿Acaso no sabía yo lo que quería a su edad?
- Bella, tú tenías diecisiete años reales, vividos. Ella, en cambio… - se quedó mirándome, pensativo.
- Ella es más lista que yo y es muy madura. Sabes que, aunque sólo han pasado seis años desde que nació, su cuerpo y su mente, su cerebro, han madurado lo mismo que si hubieran pasado esos diecisiete años.
Mi padre me miró durante otro rato, pensando.
- Lo sé – suspiró al fin. Miró a mi madre durante un instante con resignación, sabiendo que había perdido la batalla, y sonrió levemente –. Sois igual de cabezotas.
- Lo sé – ella le sonrió y le dio un beso en los labios.
Ya empezaban…
Esa era otra de las razones por las que me quería trasladar a la casa grande. No soportaba todas estas ñoñerías. No se daban cuenta de lo incómodo que me resultaba. Antes no me importaba verlos besándose y abrazándose, hasta me gustaba, pero desde hacía un tiempo, me resultaba incómodo, como si yo estuviera fuera de lugar.
- Bueno, qué, entonces, ¿eso quiere decir que la apoyáis? – intervino Jacob oportunamente.
¡Cómo me conocía! Menos mal.
- Sí – dijo mi padre, mirándole con ganas de matarle por interrumpirlos. Los dos nos observamos sonrientes y triunfantes –. Pero – prosiguió, sin darnos tiempo de abrazarnos, como una especie de venganza –, primero tenemos que hablar de ciertos detalles, ciertas pautas y reglas que tendrás que cumplir a rajatabla, eso sin mencionar los toques de queda, etcétera. No te creas que te va a ser tan fácil, jovencita.
Uy, eso me recordaba el pequeño detalle de mi media independencia. Y ahora, ¿cómo se lo decía yo?
- Tendrás que esperar – espetó mi padre de repente. Otra vez se había metido en mi cabeza –. Alice te preparará la habitación y tardará unos días hasta que esté lista, ya sabes cómo es tu tía - Alice estaba entusiasmada, ya que había visto el futuro gracias a la decisión de papá y ya lo sabía todo –. Creo que a nosotros también nos vendrá bien un poco de intimidad – mi madre y los demás le miraron sin comprender –. Ya os lo explicaré luego.
Me quedé estupefacta. Mi padre había pasado de ser el muro inquebrantable a ser la pértiga para saltarlo.
- Sí, ya verás como va a quedar preciosa – dijo Alice con voz cantarina, aunque luego le cambió el tono -. Bueno, no sé si te va a encantar, porque, claro, como no te veo…
Frunció el ceño otra vez y Jake me elevó por el aire como signo de victoria mientras ambos nos reíamos…
La sonrisilla volvió a mi rostro cuando recordé el final de la historia. Abrí los ojos y me levanté de la cama de un salto.
Estaba muy nerviosa. Era mi primer día en el instituto y el primero también de mi nueva vida.
Brinqué hacia la ventana, corrí las cortinas de un solo tirón y subí la hoja del marco con rapidez para asomarme, como hacía todos los días. Miré bajo mi ventana, el lugar donde siempre se echaba a esperarme mi gran lobo rojizo desde hacía seis años, pero no estaba. Tal vez se había ido a dar un paseo. Me apoyé en el marco con las manos y saqué más el cuerpo para mirar entre el bosque, a derecha e izquierda. Hice un recorrido en redondo con la vista, escudriñando las sombras de entre los árboles. Nada. Jacob no estaba por allí. Ni siquiera le olía cerca. Qué raro, pensé. Puede que tuviera que irse a hablar con su manada o algo. Seguro que viene después, me dije a mí misma. Me parecía raro, porque podía haberse comunicado con ellos como lobo, pero seguro que tenía una buena razón para eso. Intenté no darle más importancia.
Volví a meterme dentro, cerré la ventana, corrí las cortinas de nuevo y me dirigí al armario, sonriendo ante la certeza de que sería la última vez que abriría ese horrible mueble.
Sin embargo, me equivocaba. La última había sido ayer, porque la tía Alice ya me había preparado la ropa y me la había colocado sobre el baúl de madera, junto a la ventana. Seguramente, había entrado a hurtadillas por la noche sin que yo me diera cuenta y la había colocado allí.
Normalmente, odiaba que hiciera eso. Me gustaba escoger mi propia ropa, muy a su pesar, puesto que mis gustos y los suyos eran totalmente diferentes. Pero cuando vi la blusa y la chaqueta de lana a juego de color azul cielo y los pantalones vaqueros, cambié el gesto inicial de desaprobación.
La blusa era sencilla, tan sólo tenía unas coquetas puntillitas sobre el pecho, y los pantalones eran unos vaqueros pitillo un poco ajustados, pero no me disgustaban del todo. Alice había escogido un estilo medio entre el suyo y el mío, y había acertado. Además, yo estaba tan nerviosa, que no habría sido capaz ni de distinguir los colores.
Ya me había duchado por la noche, así que coloqué la ropa encima de la cama y me quité el camisón de algodón gris, de tirantes, con ese dibujo de Snoopy. Cuando revolví entre los ropajes, me di cuenta de que Alice también me había preparado la ropa interior. ¡Ay, no!, grité en mi fuero interno. Eso me daba una vergüenza horrible.
Cogí con dos dedos el sostén y lo levanté a la altura de los ojos con cara de desaprobación. Lo miré durante unos segundos.
Era también de color azul cielo, de esos de lencería fina, con puntillas y todas esas cosas. Hice una mueca de dolor. ¿Es que no podía haberme buscado uno más normal? ¿De esos cómodos y prácticos?
Tiré el sujetador encima de la cama, resoplando, y me dirigí a la cómoda para coger uno de los míos. Me quedaba pequeño. Lo tiré también sobre la colcha y volví a coger otro. Lo mismo. ¡No puede ser! ¡Otra vez no!, gritó una voz en mi interior. Cogí todo el montón del cajón, los puse encima de la cómoda y me los probé uno por uno, mirándome de refilón en el espejo. Terminaron todos en una pequeña montaña, encima de la cama. Los observé durante un rato mientras me mordía el labio y me giré poco a poco hacia el espejo para mirarme. Observé tímidamente lo que reflejaba.
¿Esa era yo?
Mi crecimiento siempre había sido más rápido de lo normal, pero había sido constante y progresivo en todos estos años. Incluso mi temperatura corporal había descendido unos grados paulatinamente, aunque seguía siendo más alta que la de una humana. Sin embargo, este último mes había sido una especie de explosión. Mi vertiginoso desarrollo ni siquiera había esperado al 10 de septiembre, mi sexto cumpleaños. Había pasado de ser una niña de doce años a ser una mujer de diecisiete en apenas mes y medio. Y eso era muy confuso para mí. Todos los días me pasaba lo mismo, no me reconocía. Cerré los ojos ante el espejo, como venía siendo habitual en este mes, preparada para darme la vuelta y vestirme corriendo.
Entonces, recordé la conversación que había tenido con Jacob el día anterior. La rememoré en mi mente como si estuviera viendo una película:
Paseábamos por el bosque, cerca de la cabaña de mis padres. Habíamos estado de caza. Aunque ahora la comida humana me gustaba más y era la que solía comer, aún prefería la sangre y de vez en cuando nos íbamos a cazar. Jake se había vuelto a transformar en humano para poder charlar conmigo. Yo me había puesto mi sudadera y él llevaba sus vaqueros cortados y una camiseta gris, aunque seguía yendo descalzo.
Mientras caminábamos y él me contaba anécdotas de la manada, gesticulando efusivamente, me quedé mirándole un rato, pensativa, y él se dio cuenta. Agaché la cabeza y me mordí el labio.
- ¿Qué pasa? – preguntó.
- ¿Cómo lo haces? – levanté la mirada y le miré de nuevo.
Jacob entornó los ojos y sonrió.
- ¿El qué?
- Hace un momento eras un lobo y ahora eres humano. ¿No te resulta raro?
- No, estoy acostumbrado – dijo, encogiéndose de hombros. Luego, de repente, se paró en seco y me miró con los ojos llenos de preocupación -. ¿Es que a ti sí?
- ¿Cómo? – de pronto, me di cuenta de que me estaba malinterpretando -. No, no, por supuesto que no, Jake. No me refiero a eso. Que seas un lobo, me gusta - él sonrió, aliviado, y yo seguí hablando -. Es sólo que me gustaría saber cómo te sentiste cuando cambiaste tan de repente. Me refiero al… cambio físico...
No pude terminar la frase. Por primera vez en mi vida, sentí un poco de vergüenza al hablar de algo con Jacob. Nunca antes me había parado a pensar en que él era un chico y yo, ahora, una chica, y hablar con él de un tema como ese, tan femenino, tan íntimo… Empecé a sentir mucho calor en las mejillas, cosa que jamás me había sucedido.
Jake se percató de mi rubor y se quedó mirándome durante un minuto. Me miraba de forma extraña, fijamente, como embobado, maravillado. No era como cuando me miraba de pequeña. Había algo raro en sus ojos, era una mirada nueva. Sin saber por qué, mis mejillas se encendieron aún más ante su reacción.
- ¡Ay, Jake, basta! – le di un pequeño empujón en el brazo, molesta -. ¡No me mires así!
- ¿Por qué no? – me dijo, sonriendo.
- Porque es muy incómodo.
- ¿Es que ahora te sientes incómoda cuando te miro? – su sonrisa se ensanchó todavía más.
- Si me miras como un tonto, sí.
Ladeé la cabeza al lado contrario al que estaba él y me crucé de brazos, enfadada. Se quedó callado un rato.
- Vale, perdona – dijo finalmente.
Giré la cabeza de nuevo en su dirección y vi que sonreía, pero que ya no estaba de broma. Cuando solté los brazos, me cogió de la mano y empezamos a caminar.
- No tienes de qué preocuparte, es algo natural. Te acostumbrarás enseguida - al parecer, ya se había dado cuenta de lo que me tenía en vilo, y de que también me daba vergüenza, porque miró para otro lado mientras me hablaba para que no tuviera que mirarle y me pusiera colorada. No le veía bien la cara, pero parecía un poco más serio que antes -. Lo único que tienes que hacer es no pensar tanto en ello, ni darle tanta importancia.
Sonreí. Jacob siempre daba en el clavo. A veces, parecía que también él podía leerme el pensamiento sin que le pusiera la mano en el rostro.
- ¿Eso es lo que hiciste tú cuando empezaste las transformaciones?
- Bueno, mi caso es un poquito diferente al tuyo, ¿sabes? - dijo en tono de broma -. Yo me transformé en un lobo y tú… - me miró con su sonrisa burlona - te has transformado en la bonita Caperucita Roja - y me puso la capucha que llevaba mi sudadera de ese mismo color.
Le di un codazo mientras me la quitaba y nos echamos a reír.
- No te rías de mí – me quejé entre risas -. Lo estoy pasando bastante mal.
- Pero, ¿por qué? Tú no te has convertido en un bicho raro como yo – bromeó.
Tan pronto como mencionó las últimas palabras, se me subió un nudo a la garganta y fui incapaz de hablar. Si lo hacía, se me saldrían las lágrimas de los ojos.
Jake se dio cuenta enseguida. ¿Seguro que no podía leerme el pensamiento?
- Eh, eh… - me susurró mientras se ponía frente a mí y me cogía de los hombros -. No irás a llorar, ¿no?
Me caí sobre su pecho y empecé a sollozar como una tonta. Él me abrazó y nos quedamos así un rato.
- Oye - me cuchicheó al oído, al final -. Me estás mojando la camiseta, y es la única que tengo aquí. Voy a tener que ir a buscar otra como sigas empapándomela de esa manera.
Alcé la vista para ver su blanca y perfecta sonrisa. Respiré hondo y asentí. Me cogió la barbilla con su mano caliente, me enjugó las lágrimas y levantó mi rostro.
- Ahora, dime, ¿qué es lo que te preocupa tanto?
Todavía estaba algo compungida y no podía hablar, así que le puse la mano en la mejilla…
…y se la quité de inmediato.
¡Menos mal que me había dado cuenta a tiempo! Si le dejaba leer y, sobretodo, ver mis pensamientos, seguro que vería las imágenes que veía yo todas las mañanas reflejadas en el espejo. Otra vez el fastidioso asunto de chico – chica y otra vez el cambio de color de mi rostro. Jacob frunció el ceño y se quedó con la boca entreabierta, perplejo y confundido por mi extraña reacción. Nunca antes había hecho eso.
- Mejor te lo explico yo - le dije antes de que le diera tiempo a hablar, mientras me separaba de él y paseaba de aquí para allá con el fin de disimular.
Y de paso, para que me diera un poco el aire. Con el calor que desprendía su cuerpo, no se me quitaría el color en la vida.
- Vale, de acuerdo – asintió, sonriendo de nuevo y levantando la mano hacia mí -. Te escucho.
Ya no notaba el rubor en mi cara, así que sentí cierto alivio. Caminé hacia el rincón donde estaba el tronco en el que siempre nos sentábamos. Jacob me siguió en silencio.
Era el tronco de la parte superior de un viejo árbol enorme que se había caído, grueso, envejecido por el tiempo y el sol. El gran árbol debía de haberse partido debido a una tormenta, ya que lo que quedaba de él todavía tenía las señales del rayo que lo había seccionado. Lo que antes había sido la copa se extendía en el suelo y ahora no tenía hojas, se perdía entre los helechos y la vegetación, y lo que sobresalía de las gruesas y torcidas ramas estaba cubierto de un musgo de color verde intenso, ya que siempre estaba en sombra. El resto del tronco reposaba sobre un montículo natural de tierra, rocas y vegetación y, aunque se encontraba rodeado de más árboles inmensos, el sol conseguía penetrar por un pequeño claro que quedaba entre las copas cuando se dignaba a salir, y lo hacía muy agradable. En primavera, la vegetación y la hierba de alrededor florecían, quedando bajo nuestros pies una alfombra de diferentes flores de color blanco, amarillo y malva. Solía cogerle flores silvestres allí a mi madre. Siempre me había parecido un lugar como de hadas, un rincón mágico dentro del bosque.
Me senté en nuestro tronco y Jacob hizo lo mismo.
- Últimamente me siento rara - suspiré y miré al frente para que me fuera más fácil hablar -. He cambiado tanto en un solo mes, que cuando me miro al espejo, no me reconozco, y… es difícil para mí - conforme lo iba soltando, me sentía un poco más aliviada -. Yo sí que me siento como un bicho raro. Se está convirtiendo en una especie de trauma, ni siquiera quiero mirarme en el espejo. Cada poco hay algo nuevo. Cuando ya empiezo a asimilar algo, viene otro cambio. No sé cuándo parará esto.
Jake apoyó el brazo en la rodilla, se inclinó, girándose hacia mí, y me echó una lenta mirada descarada de arriba a abajo. Una sonrisa burlona curvó sus labios.
- Pues, como sigas así, nena, voy a tener que acompañarte hasta la puerta de clase para abrirte paso en los pasillos del instituto. Puede que hasta tengamos que ir nadando entre las babas. Aunque tú no sabes nadar, ¿no?
- ¡Jake, por favor! – estaba que echaba humo. No me lo podía creer. Yo me estaba abriendo, contándole un asunto tan serio e íntimo, y él se limitaba a reírse de mí. Si este iba a ser su comportamiento (ahora se estaba carcajeando) no le iba a hablar de esto nunca más -. ¡No volveré a contarte nada jamás!
- ¡Era una broma! ¡Sólo lo hice para quitarle un poco de hierro al asunto! – se rió un poco más, pero al ver que yo no cambiaba el gesto, carraspeó y se puso un poco más serio -. Vale, vale - me miró con los labios fruncidos, pensando -. Ahora voy a ser bueno, ¿vale? Lo que te voy a decir va en serio - hizo una pausa antes de hablar de nuevo, como esperando a que yo dijera algo. Me limité a asentir -. Creo que deberías mirarte más en el espejo, enfrentarte a él. Tal vez si lo hicieras e intentaras mirarte con buenos ojos, siendo más positiva, te aceptarías y te acostumbrarías primero. Aunque tú no lo creas, te entiendo perfectamente.
Por supuesto que me entendía. Él había tenido que pasar por algo parecido. Nunca me había hablado de ello con detalle, pero por lo que sabía, me imaginaba lo que había tenido que pasar. Me sentí un poco culpable por enfadarme algo con él, tan sólo intentaba animarme. Nos miramos a los ojos y me sonrió con dulzura al ver mi cara de arrepentimiento. Le correspondí la sonrisa y ambos agachamos la cabeza para mirar al suelo. Se hizo un pequeño silencio.
- ¿Tú te enfrentaste al espejo?
- Bueno, sí – se rió -. Una cosa así. Mi espejo fue tu madre.
- ¿Mi madre? – pregunté, extrañada.
Jacob levantó la mirada del suelo y miró al horizonte.
- Cuando empecé con las transformaciones, me veía a mí mismo como un mounstro – explicó con el tono de voz más bajo -, y no sabía si tu madre me vería del mismo modo. Sam me prohibió verla y también contarle nada porque decía que era peligroso, que podía hacerla daño. Luego, vi que así la hería más y decidí hacer todo lo posible para que supiera mi secreto. Cuando por fin lo adivinó, tuve que enfrentarme a su veredicto. Si me veía como a un mounstro, seguramente no volvería a verla en la vida y yo me odiaría a mí mismo para siempre, pero tenía que ser valiente, pasara lo que pasara. No hay nada peor que la incertidumbre. Y si, por el contrario, me aceptaba como era, ¿por qué no iba a hacerlo yo? – giró la cabeza para  mirarme -. Ya sabes cómo acabó la historia.
Me mordí el labio y me quedé pensativa.
- ¿Qué pasa si no me gusta mi veredicto? – susurré, mirando a los helechos del terreno -. ¿Qué pasa si…?
Jake interrumpió mi frase y me obligó a alzar la vista.
- Si no te miras, nunca lo sabrás - me miró a los ojos y me habló con un susurro -. No seas tonta y mírate al espejo, Nessie. Mírate y verás que sigues siendo tú misma. La misma Nessie de siempre. La Nessie que yo adoro y que siempre adoraré, sólo que más mayor.
- ¿Ese es tu veredicto? – pregunté con una sonrisa.
- Por supuesto - me respondió él con otra -. Nessie, la mujercita.
La película se desvaneció en mi mente como si una ráfaga de aire se llevara un castillo de arena seca. Suspiré.
Sabía que no podía seguir huyendo de mi misma. Había culpado a mi padre de tenerme en una especie de burbuja como si fuese una niña de cristal, sin darme cuenta de que yo misma estaba haciendo lo mismo en este tema. Me metía yo sola en la burbuja todas las mañanas. Si quería ser una adolescente normal, tenía que aceptar que ya no era una niña, enfrentarme a los cambios de mi cuerpo y asumirlos de la manera más natural posible. Las demás niñas tenían más tiempo para eso, pero yo tenía que ser fuerte y hacerlo en dos meses. ¿Cómo iba a hacer cosas tan normales como, por ejemplo, cambiarme en un vestuario con otras chicas, si me asustaba de mi propio cuerpo? Quería integrarme bien, y eso incluía esas cosas. Tenía que mirar mi cuerpo de forma positiva y reconocerlo como mío. Nessie, la mujercita, me repetí a mí misma, sonriendo. Respiré muy hondo, solté el aire poco a poco y abrí los ojos.
Miré fijamente la imagen del espejo, mi imagen, sin apartar la vista. Me miré de arriba a abajo, lentamente. Una, dos, tres veces. Empecé mi propio examen, intentando poner todo de mi parte en ser positiva. Observé que mi pecho había vuelto a crecer. Esos sujetadores me los había comprado la semana pasada y ya no me servían. ¿Es que esto no iba a parar nunca? Bueno, no es que me molestara especialmente, pero tendría que volver a comprar más. Era un poco molesto, sin embargo, y esforzándome en ser positiva, supuse que me acabaría acostumbrando y al final puede que hasta me gustase. También percibí que era un poco más alta, ahora medía más que mi madre, ya llegaría al 1,70. Pasé de medirme, tenía buen ojo para eso. Mis piernas eran largas y bien contorneadas, bonitas, mi cintura, estrecha, mis caderas eran un poco más anchas, en total consonancia con los hombros, y mi cara seguía siendo más o menos la misma, sólo que un poco más femenina y menos redondeada.
Según me iba fijando, me fui dando cuenta de que había cosas en mí que no habían cambiado tanto. Eso era un alivio y me sentí un poquito mejor.
Me acerqué un poco más al espejo y empecé a buscar esas cosas. Mi pelo seguía siendo casi igual. Era largo y de color bronce, como el de mi padre, lo único que había cambiado es que ya no lo tenía tan rizoso como de pequeña. Ahora el rizo empezaba a la altura de las mejillas, era mucho más abierto y el pelo parecía más suelto, con más movimiento. Hice una mueca de aceptación, eso me gustaba. Ahora entendía por qué la tía Rosalie se empeñaba siempre en hacerme peinados. Mi piel seguía siendo igual de impenetrable, si bien era muy suave al tacto y su temperatura había descendido hasta los 40º, y seguía teniendo esa luminosidad especial, aunque podía pasar por la de una humana perfectamente. Mis ojos también eran los mismos. Del mismo color marrón, igual de brillantes y expresivos. Hasta conservaban un pequeño matiz infantil que me gustó y me hizo sonreír. Incluso mi sonrisa era la misma de siempre.
Había hecho bien en contárselo a Jake. Gracias a su consejo, ahora estaba más relajada. Me alejé unos pasos del espejo y eché una última ojeada para hacer mi veredicto:
La misma Nessie de siempre, pensé. Sólo que más mayor.

Esta historia cuenta con los derechos correspondientes. Team Nessie & Jacob tienen la autorización de la autora para publicar la novela.¡NO COPIES EL CONTENIDO!


Image and video hosting by TinyPic

10 comentarios:

  1. Una historia encantadora donde se recrea de forma suave e ingeniosa, los cambios propios de la juventud!

    ResponderEliminar
  2. Es precioso, me he emocionado. Explicas súper bien los sentimientos. Voy a leerme un cap más.
    Me encanta como has personaficado a Nessie y a Jacob.

    ResponderEliminar
  3. me gusta la historia!!! continua, please =)

    ResponderEliminar
  4. Ay Tamarita!!!Que pasará que todavía no han subido más capítulos de este Fans Fic.... please!!!! que tu escribes muy bien y esta SUPER para que lo dejes así nada más.... sigue escribiendo que estamos pendientes de los próximos capítulos de DESPERTAR... No tardes mucho!!!!

    ResponderEliminar
  5. Me encanto el capitulo bien femenino muy parecido a la realidad te salio vastante bien...no puedo esperar a leer el proximo...sigue asi...FLOR

    ResponderEliminar
  6. Lindisimooooooooo... sigue escribiendo plis, q sta muii ntretnido!!

    ResponderEliminar
  7. ¿No la escribió Stephenie Meyer?

    ResponderEliminar
  8. Me encanta la historia, esta buenisima me gustaria poder tenerlo la historia completa ya que a qui no puedo leerlo failmente.
    Tambien ya quiero ver nueva era....quiero terminar leyendolo la historia ompleta.
    Me encanta como lo escribes Tamarita, eres muy buena escritora.

    ResponderEliminar
  9. ami me encanto la histori pero la que mas me gusto fue la dela fiesta donde nessie duerme en los calidos y lindos brasos de jacob y me cage de risa donde edward lo reta a jacob

    ResponderEliminar